Francisco Viñas: the art of the castrati I

In the third chapter of his 1932 book The art of singing: historical data, advice and guidelines for educating the voice Spanish tenor Francisco Viñas describes the educational system of castrated singers and the absolute dedication that brought the art of singing to the height of its expression, the differentiation between modernist and classical singers, and the decline of bel canto until the disappearance of the last sopranist singer. A new entry in our History section presents the first part of this chapter:

“… young people who are dedicated to the study of singing must take note of the academic course to which those virtuosi were subjected, in order to infer that the teaching of singing, as it is usually practiced today by the generality of qualified teachers, is a ridiculous deception, a farce… and thank goodness when the natural conditions of the deluded neophyte are not ruined in the process.


We understand all too well that this way of teaching of the classical age is not possible today; but if professional dignity is to be raised, it is necessary to go back to the olden days, trying to adopt as far as possible those wise rules that had their basis in common sense, strengthened by a glorious practice. Evirated children, who attended music schools from a very young age, before entering fully into the study of singing, were subjected to a series of preparatory exercises in accordance with the nature of each individual, in an attempt to favour and prepare the development of their voice. These studies were directed by specialised teachers, who took care to polish the child’s faculties with the burin of scientific prudence, so that in his growth he would preserve the purity of sound, creating at the same time strength, extension and resistance, according to the nature of each larynx; but cemented in such a way, that later on he would be able to preserve all the charms of his voice until a very advanced age; and, contrary to what happens now, the older they became, the greater was their perfection.”

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Francisco Viñas: el arte de los castrati I

En el tercer capítulo de su libro El arte del canto: datos históricos, consejos y normas para educar la voz, publicado en 1932, el tenor español Francisco Viñas describe el sistema de educación de los cantantes castrados y la dedicación absoluta que elevó al arte del canto a la cima de su expresión, la diferenciación entre los cantantes modernistas y los clásicos, y el ocaso del bel canto hasta la desaparición del último cantor sopranista. Una nueva entrada en nuestra sección de Historia presenta la primera parte de este capítulo:

“…los jóvenes que se dedican al estudio del canto deben tomar nota del curso universitario a que se sujetaban aquellos virtuosos, para inferir que la enseñanza del canto, tal como suele practicarse hoy por la generalidad de los titulados maestros, es un engaño ridículo, una farsa… y menos mal cuando con ella no se malbaratan las condiciones naturales del ilusionado neófito.

Harto comprendemos que aquella manera de enseñar de la época clásica no es hoy posible; pero si se quiere elevar la dignidad profesional es preciso retrotraerse a los tiempos de antaño, procurando adoptar hasta donde se pueda aquellas sabias normas que tenían su base en el sentido común, fortalecidas por una práctica gloriosa. A los niños evirados, que desde su más tierna edad frecuentaban las escuelas musicales, antes de entrar de lleno en el estudio del canto, se les sometía a una serie de ejercicios preparatorios de acuerdo con la naturaleza del individuo, al intento de favorecer y preparar el desarrollo de su voz. Estos estudios eran dirigidos por maestros especializados, quienes cuidaban de pulimentar con el buril de la prudencia científica las facultades del niño, a fin de que en su crecimiento conservara la pureza del sonido, creándole al mismo tiempo la fuerza, la extensión y la resistencia, según la índole de cada laringe; pero de tal modo cimentado, que luego les permitía conservar todos los encantos de su voz hasta edad muy avanzada; y, al revés de lo que acontece ahora, cuanto más entrados en años, mayor era su perfección.”

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