Francisco Viñas: the art of the castrati III

We have a new entry in our History section with the third part of the third chapter of Francisco Viñas’ 1932 book The art of singing: historical data, advice and guidelines for educating the voice, where he describes the story of the last sopranist:

“…I felt as if I was enraptured by that masterful, painful and untranslatable singing, that went straight from the ear to the soul, subjugated by such celestial mysticism; virtues that I had not observed even in the greatest stars of that time, such as Patti, Massini, Cotogni and Gayarre. All of this was regulated by a very refined technique that went from register to register, from note to note, without the slightest inequality of timbre in the entire musical range of the voice, gently emitted as a caress, as something diaphanous, ethereal, that evaporated into immensity. It was for me a new language, musically solemn, that came out of a larynx in which the most beautiful qualities of the voice of man and woman seemed to be enclosed in sweet connubiality, forming with this union a timbre without equal.”

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Francisco Viñas: el arte de los castrati III

Tenemos una nueva entrada en nuestra sección de Historia con la tercera parte del tercer capítulo del libro de Francisco Viñas de 1932 El arte del canto: datos históricos, consejos y normas para educar la voz, donde describe la historia del último sopranista:

“… sentíame como arrobado por aquel canto magistral, doloroso e intraducible, que del oído iba derecho al alma subyugada por tanta misticidad celeste; virtudes que ni aun en los mayores astros de entonces, como la Patti, Massini, Cotogni y Gayarre, yo había observado; regulado todo ello por una técnica depuradísima que pasaba de registro a registro, de nota a nota sin la más tenue desigualdad de timbre en toda la gama musical de la voz, emitida suavemente como una caricia, como un algo diáfano, etéreo, que se evaporaba en la inmensidad. Fue para mí un lenguaje nuevo musicalmente solemne, que se desprendía de una laringe en la que parecía estaban encerradas en dulce connubio las cualidades más bellas de la voz del hombre y de la mujer, formando con esta unión un timbre sin igual.”

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