“Escribir sobre mi maestro es intentar resumir un libro de diez mil páginas en un párrafo de cinco líneas. Mucho fondo quedará allí, sin poder expresarse con palabras. Es lo que sucede cuando te encuentras con el ideal de la enseñanza y se activa el verdadero aprendizaje del arte y de la vida. 

Desde pequeña siempre quise cantar. Una fuerte vocación musical empezó a crecerme dentro y tarde o temprano pediría a gritos toda mi dedicación. Mis estudios musicales en el Conservatorio comenzaron en la especialidad de piano y no sería hasta el cuarto año de estar cursando el Grado Medio que cumpliría la edad mínima para empezar los estudios de canto. No necesité mucho tiempo para darme cuenta de la ignorancia que reinaba en este arte. Había un completo vacío de la técnica. No había masterclass de canto de la que no saliera con ganas de quedarme como estaba: con mi voz blanca, sin vibrato, pero al menos con el alma puesta en el sonido. 

Pero unos cuantos años después conocí a Luca D’Annunzio y entonces comenzó mi crecimiento como artista. Tras cuatro años con mi maestro, puedo recorrer con la memoria el proceso vocal y observar un crecimiento trascendente. Mi voz, blanca y sin vibrato, fue mutando mediante un trabajo minucioso hasta adquirir las condiciones físicas necesarias para una voz teatral, manteniendo su identidad tímbrica.

Mis avances en el desarrollo vocal han ido de la mano del desarrollo auditivo. Al comienzo de mis estudios tenía completa ignorancia de lo que era atender auditivamente el sonido. Aún siendo el más importante de los ejes de la formación de un cantante, tiende a descuidarse, pues no se trata de atender al sonido en sí, sino a su calidad y a su belleza. Empezar a educar al oído desde esa perspectiva ha sido y es el más difícil y gratificante aprendizaje que permite el control de la voz ya formada y el quehacer artístico. 

En un contexto de ausencia de grandes maestros de canto y de predominancia de un método que ha perdido de vista el valor de lo que es el verdadero crecimiento del alumno, yo tuve la gran suerte de encontrarme con un verdadero pedagogo que haciéndome crecer como artista me ha hecho crecer también como persona. 

Hoy puedo decir que estoy en el camino indicado, estudiando en las mejores manos y dedicándome a la música por entero con la satisfacción constante del trabajo bien hecho, gracias a un maestro que tuvo la oportunidad de recibir la mejor de las enseñanzas y que hoy la entrega a quienes queremos dedicarnos al verdadero arte del canto. En el camino de la vida, en el que la excelencia siempre está expuesta a zancadillas, admiro su valor para consagrarse a lo que comienza a ser un arte extinto y para mantener vivo el trabajo de los grandes maestros y cantantes de la historia.”

Amanda Garrido, soprano española.
Abril 2019.