“Desde el primer día nace una influencia recíproca, por ósmosis, diría yo, en la que la respuesta del alumno es determinante. Con el tiempo, el alumno se empapa de su amor por la música y por el arte en general y, paulatinamente, va cambiando su idea del canto, casi sin darse cuenta se convierte en artista, en personaje del aria que interpreta.

Dicho así, parece fácil e inmediato, nada de eso, con Luca no hay atajos. Hay que permanecer activo y trabajar sin desmayo, el maestro hace su trabajo y el alumno también. Es una tarea ardua que da frutos. Perfectamente definida y experimentada, requiere talento, paciencia, tesón, perseverancia y muchas horas de estudio en soledad.

Por medio de vocalizos acordes con el objetivo que se persigue en cada momento, el alumno mejora respiración, apoyo y control, lo que le permite buena emisión del sonido y, sin solución de continuidad, estas fortalezas adquiridas son aplicadas a repertorio adecuado a sus capacidades y conveniencia. El resultado: gusto, seguridad vocal y cambio integral en el concepto de la música, tanto en su percepción como interpretación, lo que eleva el propio nivel de exigencia y disfrute.”

Ramón Naveira, barítono español.
Septiembre 2019.