Claudia Muzio: una vida consagrada al arte II

Su primera temporada en Chicago comenzó en diciembre con Aida, Il Trovatore, I Pagliacci y Tosca. En febrero de 1923, interpretó Aida por segunda vez en el Palais Garnier de París y de marzo a abril cantó en el Casino de Monte-Carlo. Regresó a Buenos Aires en mayo e inauguró la temporada en Aida con Aureliano Pertile. El tenor Miguel Fleta, el barítono Carlo Galeffi y Pertile fueron sus principales compañeros. Los meses siguientes trabajó en Sao Paulo y Río de Janeiro, volviendo a Chicago en noviembre para comenzar con Andrea Chènier. Estaba muy cansada. La segunda noche se desmayó al final del tercer acto y tuvo que ser reanimada para aparecer ante los aplausos del público, sujetada entre el tenor y el barítono. El crítico musical Farnsworth Wright escribió en Musical America: 

“Anoche no pude dormir.  Una y otra vez reviví el trabajo dramático de Muzio en el clímax del tercer acto, y se apoderó de mis pensamientos tan intensamente que dormir no era una posibilidad.”

Wright le preguntó si no era peligroso asumir los roles tan profundamente, y Claudia respondió:

“Supongo que sí. Puede que sea insensato entrar tan a fondo en un papel, pero no puedo hacerlo de otra manera, porque así es como me entrenaron. Si no siento las emociones del personaje que estoy representando, ¿cómo puedo esperar que mi público las sienta?”

Todo Chicago fue cautivado por la soprano. En el Musical Courier, el crítico escribió:

“Muzio es una de las más grandes actrices cantantes vivas que ha honrado el escenario del Auditorio, o cualquier otro escenario operístico. Su Madeleine de Coigny fue una creación magistral y en el tercer acto despertó en el público un entusiasmo como nunca antes se había visto. Sin manierismos que pudieran restarle valor a su singular actuación, esta meritoria artista dominó la escena como sólo una Duse o una Bernhardt podrían haberlo hecho si la ópera se hubiera representado como un drama. […] Muchos se emocionaron hasta las lágrimas por la extraordinaria belleza de sus sonidos y por la patética manera en que representó su papel, que recorrió todo el espectro desde la ternura a la pasión, culminando en un estallido de risas histéricas que tomó al público por sorpresa y lo transportó en un instante desde lo cotidiano a lo sublime. […] Por la calidad de su trabajo, desde todo punto de vista, sólo pueden escribirse palabras de elogio, y la alabanza que aquí se hace resulta pálida en comparación con el color vivo con el que interpretó el papel. Fue una actuación única de una artista cuya veta patética emocionó, y que pertenece a esa categoría de cantantes conocidos como ‘gigantes.’ Muzio será un gran valor para el Auditorio.”

Su primera Traviata en esa temporada también recibió excelentes comentarios, y un crítico escribió: “La risa y los sollozos tiemblan en sus notas y provienen de lo más profundo de ella misma, confiriéndoles una fuerza persuasiva que es irresistible.” Una reseña de Herman Devries apareció ese enero en Chicago American:

“Hasta el sábado pasado creíamos haber encontrado un adjetivo adecuado para describir a Claudia Muzio —siempre la habíamos llamado La Divina Muzio. Pero tras su sensacional interpretación de Violetta en La Traviata no conseguimos hallar palabras adecuadas para expresar nuestra admiración y la del público, que le dio a La Muzio una de las ovaciones más emotivas que hemos presenciado en el Auditorio. Gritos de “Brava,” alaridos, golpes con los pies, ondear de programas, jóvenes levantando las manos en señal de lealtad fascista, mujeres elegantes y de buena posición social arrancando ramilletes a sus vestidos para arrojarlos sobre el escenario a los pies de Muzio, la orquesta en pie para unirse al alboroto, llamadas al escenario que parecían no tener fin, fue una apoteosis adecuada a la gloria de Claudia Muzio, una de las jóvenes artistas más notables de nuestro tiempo. Hemos alabado a Muzio por su Aida, por su Madeleine de Coigny, por su Santuzza y por todos los demás papeles de esta temporada, pero no se nos ha ofrecido nada más maravilloso que su canto e interpretación de Violetta. Desde su entrada en el primer acto, hasta su última escena, su creación de Violetta fue de una belleza exquisita, una belleza de voz que daba a cada frase un nuevo y conmovedor significado y belleza, actuando como sólo las más grandes trágicas de la escena lírica han logrado. Nunca habíamos oído unos efectos de pianissimo y mezza-voce tan deslumbrantes ni tanta opulente variedad en el inigualable sombreado y expresión con que Muzio interpretó esta música. El “Ah, fors’è lui,” generalmente considerado como un aria de “coloratura,” fue cantado con perfecto gusto y acabado musical, las volatas límpidas y claras, una fina pieza de vocalidad aún sin el añadido final del Mi bemol agudo que Verdi no creyó necesario y que es utilizado por las coloraturas para ganar el aplauso fácil que siempre recompensa lo fenomenal. Violetta no es esencialmente un papel de coloratura, pues tras las pocas roulades del primer acto la música exige un tono de calidad firme y sólida, capaz de reflejar la emoción y de sostener las exigencias y dificultades de la partitura. El próximo año tendremos cuatro coloraturas, pero no hará falta que haya rivalidad entre ellas para cantar y triunfar en el papel de Violetta, pues La Muzio ya las ha superado.”

Estos eran los días en que May Higgins, futura secretaria y amiga íntima de Claudia, se unía al Claudia Muzio Fan Club de Chicago, la pandilla femenina que asistía a todas las actuaciones y recitales que la soprano daba en la ciudad. Un día, May se cruzó con Claudia y su madre fuera del teatro: “Le dije lo mucho que disfrutaba de su música. Ella dijo: ‘¿Por qué nunca has venido a saludarme al camerino?’ y yo le dije: ‘No sabía que estaba permitido’.”  A partir de entonces, y por varios años, May fue a saludar a Claudia todas las noches.

Después de Chicago, Claudia navegó rumbo a París para su tercera Aida en el Palais Garnier y fue a Mónaco por un mes, antes de embarcarse hacia Buenos Aires para participar en una temporada que contó con la participación de Gilda Dalla Rizza, Gabriella Besanzoni, Miguel Fleta, María Zamboni, Tancredi Pasero y Giulio Crimi.  Tras cantar en Río de Janeiro, llegó a San Francisco en septiembre para actuar por primera vez en el Civic Auditorium con Schipa, de Luca y Gigli en Tosca, Aida y Traviata. Su interpretación de Floria fue elogiada por el crítico del San Francisco Examiner:

“… habiendo estudiado la actuación de la gran dama francesa en muchas ocasiones, puedo atestiguar que el estudio de Muzio de la prima donna romana es un desarrollo de la figura de Bernhardt. Como Bernhardt, Muzio habla a través de todos sus miembros y cada pose está inspirada por un estado de ánimo. En el puro encanto sensual de la escena con Mario en la iglesia, Muzio me hizo pensar en la descripción de D’Annunzio de Gemma Bellincioni en Fuoco. Aquí está la misma resplandeciente y conquistadora juventud… El personaje de Muzio canta en su voz, que es en todo momento un espejo de lo que sucede en la mente.”1

En noviembre estaba de regreso en Chicago hasta enero de 1925, trabajando con Tito Schipa en La Traviata y Feodor Chaliapin en Mefistofele. En marzo repitió su Aida en el Palais Garnier y julio la encontró en Buenos Aires, hasta septiembre, reunida con Tullio Serafin en Falstaff. Esa temporada de grandes artistas en el Colón incluyó a Ninon Vallin, Adamo Didur, Giuseppe De Luca, Ezio Pinza, Isidoro Fagoaga, Bruna Castagna, Frances Alda, Beniamino Gigli y Francesco Merli. Su mayor triunfo fue en Traviata. Un crítico escribió:

“Ella es esculturalmente perfecta, exquisitamente elegante, …desde todo punto de vista, el ideal moderno de la encarnación de Violetta. […] al conmovedor atractivo de su mirada y al encanto natural de su gesto añade la belleza de la melodía que fluye de una garganta de oro… Se podría escribir un himno triunfal para esta interpretación…”

De octubre a diciembre, Claudia cantó en San Francisco y Chicago. La Chicago Civic Opera Company comenzó su gira en enero de 1926 y ella cantó en Boston, Baltimore, Cleveland, Cincinnati, Chattanooga, Birmingham, Memphis y Miami.

Toscanini le pidió que fuera a Milán en abril, y se presentó en La Scala por primera vez desde 1913 cantando en Traviata e Il Trovatore. Fue una especie de prueba: los italianos querían formarse su propia opinión sobre la soprano que había triunfado en América. Su Violetta causó un alboroto en el público y fue llamada “genio-cantante” en el Corriere della Sera. El crítico de Il Sole escribió:

“Recordábamos la excepcional belleza vocal y los dones del temperamento de Claudia Muzio antes de que obtuviera un sólido renombre y una considerable riqueza en América. Hemos estado esperando su regreso, y ahora podemos afirmar que no ha sufrido ningún daño allende el océano, sino que, por el contrario, sus dotes originales llevan ahora el sello de la perfección. La Traviata cantada por Muzio supone un exquisito disfrute musical, y permanecerá mucho tiempo en nuestra mente.”

Y sobre su Trovatore, la semana siguiente:

“Muzio triunfó con Leonora como lo hizo con Violetta; su magnífica voz, plena y homogénea en el timbre, se elevó con magistral seguridad desde el registro más agudo al más grave, siempre rica y resonante, la mezza voce algo a atesorar, el sentimiento dramático profundo y sincero. Su regia figura y su muy distinguido porte hicieron de ésta una perfecta e impecable Leonora.”

Toscanini preparó el tan esperado estreno de Turandot con dos elencos: Rosa Raisa y Miguel Fleta y Claudia y Lauri-Volpi. Finalmente eligió a Raisa y Fleta, y Claudia y Lauri-Volpi protagonizaron el estreno en Buenos Aires en el Colón dos meses después, bajo la dirección de Gino Marinuzzi en la versión completa de Alfano. 

Desde Milán volvió directamente a Argentina para abrir la temporada en mayo con Pertile en el estreno sudamericano de Nerone de Arrigo Boito. Tras Andrea Chénier, Il Trovatore y Cavalleria Rusticana, debutó en el papel de la princesa Turandot. Lauri-Volpi, su Calaf, describió su caracterización como “irónica, enigmática y reservada.” Más tarde en esa temporada cantó de nuevo el papel, pero nunca más. Tras cantar Tosca con Lauri-Volpi y Tita Ruffo, Claudia participó en el estreno mundial de la ópera Ollantay del compositor argentino Constantino Gaito cantada en italiano. Terminó su trabajo esa temporada cantando en Aida y La Traviata. La coreógrafa de estos tres últimos montajes fue nada menos que Bronislava Nijinska.

Muzio regresó a los Estados Unidos, al cabo de algunas semanas de trabajo en Río, y cantó en Manon Lescaut, Aida, La Bohème, Tosca e Il Trovatore en San Francisco en el espacio de nueve días, terminando con Traviata en Los Ángeles. La temporada de Chicago se abrió con ella en Aida el 8 de noviembre, seguida de Il Trovatore y del estreno norteamericano de La cena delle beffe de Umberto Giordano. 1926 terminó con Traviata y Bohème y el nuevo año trajo Cavalleria y Aida. En mayo de 1927, volvió a La Scala para protagonizar Andrea Chénier y Tosca, esta última dirigida por Toscanini. 

En mayo comenzó otra temporada en Buenos Aires y debutó en un papel muy importante: Norma en la gran ópera de Bellini. Sus compañeros fueron Lauri-Volpi y Ebe Stignani, el director fue Marinuzzi. La temporada duró hasta agosto y Claudia añadió a su repertorio habitual Elsa en Lohengrin (con Pasero, Fleta y Galeffi) y La Wally. Finalizó la temporada sudamericana en Río y Sao Paulo, volvió a los Estados Unidos en octubre y apareció en dos conciertos en San Francisco que fueron precedidos por una entrevista en el Chronicle:

“Es cierto, conozco todas las óperas tan bien que creo que podría cantar todas las partes… pero hay algo en el trabajo de concierto —quizás sea que el público está más cerca y no se encuentra bajo el hechizo de un escenario y una gran orquesta— que te hace entrar en rapport con ellos; en otras palabras, puedes sentir su reacción y eso te genera una respuesta emocional. Cuando estoy cantando me gusta escoger una persona en particular del público, preferiblemente una muy joven, porque su entusiasmo y sus emociones se reflejan en sus caras; entonces le canto a esa persona.”

Ese noviembre, Claudia llegó a Chicago para cantar en Traviata con Tito Schipa. La actuación fue transmitida por la National Broadcasting Company y fue escuchada por dos millones de residentes en los Estados Unidos. En diciembre también hizo su debut como solista en un recital transmitido por la estación de radio WEAF, que fue replicado por la red radiofónica de la NBC en todo el país. Lamentablemente, la soprano tuvo que abandonar la gira de la compañía porque su madre, y constante acompañante, estaba gravemente enferma. Pidió que se la eximiera de la siguiente temporada en Chicago, ya que quería quedarse en Italia hasta que su madre se recuperara.

Se establecieron en Roma, y Claudia debutó en el Teatro Reale dell’Opera en abril cantando Violetta, Tosca y Santuzza con Lauri-Volpi y Schipa. Los romanos se enamoraron de la nueva prima donna y comenzaron a llamarla “La Divina Claudia.” Recordando esos días de actuación, Lauri Volpi escribió en su libro L’Equivoco

“En el escenario era un alma, una mente que cantaba y decía con esa voz única, hecha de lágrimas y suspiros, de contenida embriaguez interior.”

Regresó a Buenos Aires en mayo, donde cantó, por primera vez, Nedda y Santuzza en la misma noche. Aunque no lo sabía en ese momento, Claudia se despidió de Sudamérica cantando en Río de Janeiro, Sao Paulo y Santiago de Chile. No volvería durante los cuatro próximos años.

Por esa época, May Higgins, su amiga de Chicago, viajó a Europa y se puso en contacto con Claudia. Se dirigió a Roma con la esperanza de verla, sólo para descubrir que Claudia había enviado a su habitación de hotel un enorme ramo de rosas. Las dos amigas pasaron unos días muy agradables en Roma y May prolongó su estancia. Claudia cantó Norma, Violetta, Tosca, Santuzza, Maddalena, Aida y Leonora (La Forza del Destino) en Roma. Cuando llegó el momento de que May regresara, Claudia le pidió que se quedara como su secretaria. Tendría que ocuparse de los preparativos de viaje y de los seguros, reservar hoteles, cuidar de sus más de noventa baúles de equipaje (sus trajes y joyas eran muy valiosos —prefería llevar joyas verdaderas— y May tenía que conocer muy bien cada valor y ubicación precisa), así como un sinfín de otras responsabilidades. May regresó a los Estados Unidos para ver a sus padres y renunciar a su trabajo y Claudia partió a cantar en Milán, Florencia y Zurich.

El 1 de octubre de 1929, Claudia llegó al puerto de Nueva York y May obtuvo permiso para subir a bordo para comenzar sus tareas de secretaria. A partir de ese momento, May llevó un registro de su vida con Claudia, por medio de las cartas dirigidas al Claudia Muzio Fan Club. En noviembre, la soprano cantó Violetta en Chicago. El crítico Herman Devries se mostró maravillado:

“Cuando Claudia Muzio vino por primera vez a Chicago, yo la llamé Muzio… después se convirtió en la Muzio... y luego en La Divina Muzio. Hoy tengo que empezar de nuevo y llamarla Muzio, la sublime. ¿Por qué deliro de esta manera? Yo, que he visitado tantos teatros de ópera en mi larga carrera como cantante y editor… ¿Puedo dar algunas razones? Imagine usted un órgano de soprano tan exquisito en calidad que desde el tono más agudo al más grave es una escala uniforme de belleza exquisita y fundente. Luego piense por sí mismo cómo es el canto perfecto… porque no sólo tiene Muzio un maravilloso instrumento vocal… tiene además un arte vocal consumado. Y ninguna voz tiene valor a menos que sea el medio de un arte sincero.”

Luego, Claudia cantó en Il Trovatore, en la primera ópera transmitida por radio desde el escenario de la nueva Ópera Lírica de Chicago. Esa temporada añadió Otello y La Forza del Destino a su repertorio en el teatro. En marzo volvieron a Italia y May Higgins escribió una carta dirigida al club de fans, el 19 de abril de 1930, desde el Gran Hotel de Milán:

“… cuando llegamos a Roma, se puso muy enferma y estuvo en cama durante dos semanas antes de que el médico le permitiera cantar. El doctor dijo que se trataba de agotamiento nervioso. Podéis imaginar lo preocupada que he estado por ella. Lo extraño es que no importa lo enferma que esté, su voz nunca sufre. Sus cuatro actuaciones de Traviata en Roma fueron triunfales. Está mejorando lentamente, gracias a dios, y espero que el descanso que planea tomarse durante el mes de mayo la reponga completamente. […] Desde Roma bajamos a Nápoles, donde Claudia cantó cuatro representaciones más de Traviata, todas en teatros llenos de gente tremendamente entusiasmada. Me estoy acostumbrando a que me pongan una silla extra en la barandilla de la orquesta […] Ella es inmensamente popular aquí, y triunfa sin importar dónde o qué canta. Su nombre está escrito en letras de un pie de altura en toda Nápoles. Intentaron aumentar el número de sus actuaciones, pero no fue posible que se quedara, ya que tenía que presentarse en Milán en la Scala. […] El tren estaba abarrotado, y de alguna manera los pasajeros se enteraron de que Claudia estaba en el tren, y muchos de ellos, especialmente el contingente masculino, no dejaban de subir y bajar por el pasillo del coche por delante de nuestro compartimento. Por supuesto, no puedo culparlos por eso —nuestra Claudia es muy digna de ser contemplada. Llegamos a Milán sobre las diez y vinimos al Grand Hotel. Es toda una coincidencia que nos hayamos instalado en el apartamento que Verdi, el compositor de Traviata, ocupó durante varios años. Hay un retrato suyo de tamaño natural en el salón. Claudia lo mira a menudo y dice: “¡Me pregunto si sabes cuánto trabajo has hecho para mí!” El miércoles se presentó en La Scala en Traviata. Las localidades del teatro se agotaron días antes de la representación, que fue muy hermosa, como de costumbre. Claudia no cantaba aquí desde hacía tiempo, y toda la población de Milán parecía estar intentando colarse en el teatro para escucharla. Para mí fue como un sueño escucharla cantar aquí en La Scala, que, como todos saben, es uno de los teatros de ópera más famosos del mundo. Esta, por cierto, es la decimosexta Traviata que he escuchado esta temporada.”

Pese al apremio de la crisis económica desencadenada tras el crack de Wall Street, Claudia no podía viajar a Sudamérica porque su madre estaba muy enferma y se negaba a dejarla atrás. Tomaron un tiempo para descansar y se instalaron en el balneario de Riolo Terme donde Claudia recibió una serenata popular. El 14 de agosto de 1930, May escribió: 

“La otra mañana, alrededor de la una, nos despertó una serie de notas de Loreley bajo nuestras ventanas. Al mirar hacia afuera vimos a varios cientos de personas, y a la orquesta que ha estado tocando en la Piazza todas las noches durante el último mes. Está compuesta por instrumentistas de algunas de las mejores orquestas de Europa, y son músicos maravillosos. Se enteraron de que Loreley era la obra musical favorita de Claudia, así que decidieron darle una serenata. La música, tocada suavemente, era perfectamente hermosa, y la multitud no pronunció ni una palabra. Cuando terminaron, la muchedumbre se desvaneció tan silenciosamente como habían llegado. Fue un tributo extraño y conmovedor.”

En septiembre, el grupo partió hacia Nueva York y los lugareños les hicieron una despedida inolvidable:

“Dejamos a Riolo Bagni el lunes 1 de septiembre por la mañana —y nuestra Claudia tuvo una despedida… como las que cuentan los libros. Ya os he contado cómo la adoran todos en el pueblo, y no creo, a juzgar por la muchedumbre que se reunió frente al hotel, que faltara un solo habitante —desde el más alto dignatario hasta el más humilde campesino. Alguien había mencionado un día que cuando pasaba en su coche nadie podía verla claramente, así que, para complacer a todos, hizo que bajaran el techo del coche esa mañana. Las flores empezaron a llegar antes de que entráramos, y a cada lado del camino había una fila de niñas pequeñas con pequeños ramos de flores que lanzaban al pasar el coche. Había otra fila de niños en las afueras del pueblo con más flores, y para cuando nos pusimos en marcha, ¡parecíamos el vehículo que sigue al coche fúnebre! La pobre Claudia estaba llorando —el afecto de esta gente es muy conmovedor.”

Antes del comienzo de la temporada, Claudia dio una serie de recitales que fueron muy bien acogidos:

“Un catálogo de sus virtudes vocales constituiría un buen índice para un libro de texto sobre canto. Respiración, enunciación, rectitud tonal; éstas son axiomáticas para ella. Frasea con inteligencia; se deja llevar por el patrón rítmico. Pero más allá de estos detalles, la mayor de todas las bellezas está en sus canciones: la adecuación de la textura y la expresión vocal a los significados del texto. Casi que… podría simplemente decir sus canciones, abandonando las melodías por completo, y llevar a sus oyentes la emoción de la verdad apasionada.”

Llegando a Chicago con cuatro días para descansar y ensayar, comenzó cantando en La Forza del Destino y terminó en marzo con Cavalleria de gira. El 7 de marzo de 1931, May escribió:

“La gira hasta ahora ha sido maravillosa. La primera parada fue en Boston, donde a Claudia siempre le gusta cantar, y esta vez su público se deleitó escuchando a Bohème, Trovatore, Traviata y Otello. Desde que dejó Boston, Claudia ha cantado Cavalleria en Pittsburgh, Cavalleria en Memphis —y en Tulsa Cavalleria y Pagliacci. ¡Cómo he querido escuchar su Nedda! No es de extrañar que Caruso no quisiera que ninguna otra artista cantara con él en Pagliacci. Puedo entender perfectamente por qué. Fue la Nedda más adorable y encantadora que he visto o escuchado en mi vida. Lamenté mucho, por supuesto, que la Srta. Burke, que iba a cantarla, se rompiera el brazo, pero Claudia se alegró de poder reemplazarla y salvar el día, aunque significara un trabajo adicional. Ver a su trágica Santuzza, y luego a su adorable Nedda, en una única actuación fue una alegría que no olvidaré pronto y, a juzgar por los periódicos del día siguiente, todos sintieron lo mismo. La doble emoción se repitió en San Antonio y en Los Ángeles, donde Claudia también cantó Traviata.”

Y el 14 de marzo:

“Querida pandilla: 

Hay tiempo para una nota más antes de emprender nuestro viaje de regreso, y sé que no os importará que sea breve. Una pequeña noticia es mejor que ninguna. La Traviata de Claudia en Seattle se suma a su larga lista de triunfos. Realmente parece que cada Traviata eclipsa a la anterior. ¡Es una verdadera maravilla! Después de la actuación quedó muy cansada, y se despertó al día siguiente con un fuerte resfriado que nos causó algunos momentos de ansiedad. Debía cantar Cavalleria también en Seattle, y temimos que no pudiera hacerlo. Como todos saben, sin embargo, Claudia no ha defraudado nunca a ningún público en toda su carrera —un record del que estoy segura que es solamente suyo. Pese a todas las protestas, ella insistió en cantar —¡y esta increíble persona nunca cantó una mejor Cavalleria! Parecía haberse quitado el resfriado cantando, pues al día siguiente apenas había rastro de él.”

Claudia se tomó unas muy necesarias vacaciones y viajó por Italia. El grupo se instaló finalmente en Riolo y, el 16 de julio, May escribió: 

“Para cumplir una promesa que había hecho a los Rioleses el año pasado, Claudia cantó en la misa del domingo por la mañana —el Ave María de Gounod y la ‘Virgen de los Ángeles’ de La Forza del Destino. ¡Y fue un gran día para Riolo! La población aumentó milagrosamente de la noche a la mañana. Tuvieron que sacar todos los asientos de la iglesia para hacer sitio a la multitud, que luego se apiñó como sardinas. Esta gente es tan demostrativa que Claudia estaba en pánico por miedo a que aplaudieran en la iglesia, así que el sacerdote dijo a la congregación antes de la misa que la Signora cantaría como una oración a la Virgen, y no como una exhibición, y les dijo que la mejor manera de complacerla era permanecer en silencio. Se podía oír caer un alfiler cuando empezó a cantar y ¡oh chicas, ojalá la hubiérais oído! Su voz era más hermosa que nunca esa mañana. Sonaba como la de un ángel. Escuché más de un “brava” reprimido cuando terminó, y todos los ojos estaban húmedos. Seguramente vosotras también os habríais emocionado, si la hubierais oído. Trató de quedarse en la iglesia por más tiempo que la multitud, pero nadie quería marcharse, y cuando finalmente salió del recinto, tendríais que haber oído los “brava” —eso fue otra gran emoción. Los niños arrojaban flores a lo largo del camino, y muchas de las personas se habían dirigido al hotel con más flores. Cuando llegamos, tuvo que salir al balcón para agradecer los aplausos. Sin duda fue una gran fiesta, pero Claudia no es como la mayoría de los artistas, a quienes les encanta estar en exhibición. Ella aprecia la adoración y el aplauso de esta gente, pero preferiría esconderse antes que encararlos.”

Claudia comenzó su última temporada en Chicago en noviembre de 1931. La Chicago Civic Opera Company se derrumbó bajo la presión de la crisis económica y no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la ciudad pudo volver a sostener una compañía de ópera local. Sus compromisos duraron hasta febrero de 1932 y triunfó tanto en la ópera como en el concierto, como lo atestigua esta reseña en el Atlanta Journal, el 15 de diciembre de 1931:

“MUZIO CAUTIVA AL PÚBLICO EN EL CONCIERTO DE ATLANTA 

[…] uno puede comparar su arte interpretativo con la belleza y el reposo de una hermosa escultura en mármol, o con la gracia de un Botticelli. Ella usó su voz con gusto infalible y, con un profundo dominio del canto, llevó a su audiencia por los caminos de la belleza hasta que vislumbraron la tierra prometida. Hubo bises suficientes como para componer otro programa, ya que la artista fue magníficamente generosa.”

El 7 de febrero de 1932, May escribió desde Boston:

“Ha ofrecido dos actuaciones perfectamente gloriosas [una de Tosca y otra de La Traviata], y todos los que vienen a verla se lamentan de que no vuelva a cantar. Geraldine Farrar estuvo en ambas óperas. Le envió a Claudia un inmenso ramo de rosas y vino a los camerinos en éxtasis por sus actuaciones. Parece ser una persona muy amable. […] Claudia ha sido asediada con invitaciones a almuerzos, tés y cenas, que, por supuesto, teniendo más trabajo para hacer, no ha aceptado. Sin duda los bostonianos la han acogido en su corazón —¡la ciudad es suya!”

De vuelta en Italia, May escribió el 8 de mayo de 1932, desde el Hotel Majestic de Roma:

“Uno podría creer que en nuestra entrada en Roma el coche de Claudia presionó alguna especie de timbre eléctrico para anunciar su llegada, ya que la pobre niña apenas se había quitado el sombrero cuando empezó a sonar el teléfono, y no ha tenido tiempo de respirar completamente desde entonces. Comenzó con Bohème el 6 de abril. El teatro estaba lleno, y su entrada fue recibida con una tormenta de aplausos. Esto es inusual aquí, ya que rara vez aplauden cuando los artistas entran en escena. Lo hicieron esa noche, sin embargo, y mucho. […] Claudia cerró la temporada el pasado domingo por la noche con Tosca —¡y qué Tosca! El teatro estaba abarrotado hasta el techo y, como de costumbre, todos contenían la respiración mientras Claudia cantaba —pero tendríais que haber oído el estallido cuando terminó. Después de su Vissi d’arte, pensé que gritarían hasta quedarse mudos. […] Al terminar la ópera, Claudia se divirtió mucho atravesando la multitud. La calle estaba tan atestada de gente que no podían pasar los coches, y se podía oír los gritos de “Viva la Muzio” y “Nostra Claudia” a cuadras de distancia. La gente de los hoteles cercanos se acercó a sus ventanas para ver cuál era la manifestación. […] Claudia también cantó el sábado por la noche —su última Bohème de la temporada. Claudia nunca había cantado Bohème en Roma antes de esta temporada, pero tuvo que cantarla seis veces este mes, y uno veía a muchas de las mismas personas asistiendo a cada actuación. El tenor que cantaba con ella, Dino Borgioli, tiene una voz encantadora, y Claudia disfruta cantando con él. […] Tuve una experiencia muy agradable una de las noches que Claudia cantó Bohème. Acababa de sentarme cuando ¡quién entró y se sentó media docena de filas por delante de mí… John McCormack! Después del primer acto, fui al camerino a decirle a Claudia que él estaba en el teatro, y me encomendó que lo llevara a su camerino. […] cuando le hablé, me dijo con la voz más amistosa: “Bueno, por amor de dios, ¿cómo me ha reconocido?” Como si existiera algún irlandés en América que no conozca a McCormack. Claudia se alegró mucho de verlo (parece que su padre le tenía mucho cariño) y, a juzgar por el gran abrazo que él le dio, él también estaba muy contento. Dijo que no pudo resistirse a venir a la ópera cuando supo que ella estaba cantando. Él se encuentra aquí visitando al Papa, que le ha conferido un nuevo e importante título —el de Conde Papal.”

Claudia tenía un contrato en Florencia, y luego se tomó unas merecidas vacaciones. May escribió desde Riolo en septiembre:

“[…] Justo antes de partir hacia Riolo desde Roma, Claudia cantó varias funciones de Tosca en Florencia —con su habitual éxito, por supuesto. La primera noche que cantó, quince hombres llevaron flores al escenario después del segundo acto. El público estaba muy entusiasmado, y la muchedumbre habitual rodeaba su coche después de cada actuación. […] Después de Florencia vino nuestra visita de dos semanas a Riolo. Nos contaron que las noches en que Claudia había cantado en Florencia, ellos tenían su propia función en Riolo. Todos aquellos que poseían radios las ponían cerca de las ventanas abiertas y todos los que eran menos afortunados se reunían en la Plaza para escuchar. Su admiración y devoción por Claudia es realmente asombrosa en estos tiempos. Siempre lamentamos haber dejar a estas personas, ya que Claudia ha llegado a amarles y a conocerles tan bien.”

La soprano había preparado un maravilloso regalo para los aldeanos:

“… la Tosca que estoy escuchando en este momento —en compañía de medio millar de contadini de granjas cercanas que se han detenido al pie de la colina debajo del hotel para escuchar. No hace falta decir que la cantante es nuestra Claudia, y está repasando la música de Tosca para preparar el concierto que ha prometido al pueblo de Riolo el próximo jueves por la noche. Será asistida por el Sr. Dino Borgioli, que debutará en América con ella el próximo otoño en San Francisco; también por el Sr. Formichi, famoso en la Ópera de Chicago. Esperamos tener una noche de gala, y el pueblo rebosa de emoción. Mientras que mucha gente fue a Roma y a Florencia para escuchar a Claudia, han estado esperando durante tres años para escucharla cantar en su propio Riolo. Todo está paralizado, excepto las actividades relacionadas con el concierto.”

“El concierto fue un gran éxito, y ciertamente puso a Riolo en el mapa. El teatro no era, por supuesto, lo suficientemente grande, así que la Piazza se convirtió en un teatro al aire libre. Se construyó un escenario en uno de los extremos, y toda la plaza se llenó de asientos. A primera hora de la tarde, la multitud comenzó a llegar. Todos los coches tenían que aparcar en las afueras de la ciudad, ya que las tres o cuatro calles estaban atascadas. Corrían trenes especiales desde la línea principal de Castel Bolognese, y todos los que tenían algún vehículo con ruedas lo usaban para llegar allí. El Hotel Italia era una colmena. El día antes del concierto llegaron el Sr. y la Sra. Formichi y su grupo, luego Dino y Patricia Borgioli; luego llegó Mimi Zuccari, que condujo desde Padua. Era una noche hermosa, y cuando la luna se elevó tras el antiguo castillo junto al escenario, parecía una escena de Trovatore. La multitud estaba entusiasmada, y de buena gana habría escuchado toda la noche. Deberíais haberles oído gritar después de la Colombetta y la Girometta de Claudia. La conocían en la ópera, por supuesto, pero dijeron que no se imaginaban que después de todas las tragedias del escenario operístico pudiera hacer cosas humorísticas tan hermosas. Borgioli y Formichi también cantaron maravillosamente, y los tres recibieron medallas de oro de los agradecidos Rioleses.”

En octubre, Claudia estaba en Los Ángeles para una representación de La Traviata y otra de Il Trovatore. May revela el propósito principal de su viaje:

“Una semana después, partimos hacia San Francisco, donde Claudia iba a inaugurar el nuevo War Memorial Opera House. Este, en realidad, era el objetivo de su viaje de siete mil millas, que, podría decirse, terminó con un estruendo de trompetas. Fue recibida en la estación por el Sr. Wallace Alexander, Presidente de la Compañía de Ópera, el Alcalde Rossi, el Jefe de Policía, y seis fornidos “policías” en motocicleta. El alcalde la acompañó al hotel en su coche privado, precedido por las motos, convirtiendo una mañana tranquila en un caos. […] La inauguración de la nueva y hermosa War Memorial Opera House el 15 de octubre ha quedado registrada en la historia teatral. La Tosca de Claudia, que vosotros conocéis tan bien, fue otro añadido a su lista de triunfos. El hermoso teatro estaba lleno, incluso las localidades de a pie habían sido vendidas hace semanas; de hecho, los asientos para toda la temporada de diez representaciones se habían agotado antes de la noche de apertura. ¡Esta es gente que ama la ópera de verdad! […] Sus otras óperas fueron Trovatore, Pagliacci, Cavalleria y Traviata, y es difícil decir cuál les gustó más. La noche que cantó Pagliacci, el cónsul italiano ofreció una gran recepción en su honor después de la función. Por seguridad, no se quitó la peluca blanca y, con el precioso vestido blanco que llevaba, estaba deslumbrante. Sus ojos eran como estanques negros. Parecía como si acabara de salir de un viejo libro de cuentos románticos. Poco antes del final de nuestra estancia, el alcalde Rossi le informó que iba a ser nombrada Ciudadana de Honor de la ciudad de San Francisco, un reconocimiento que sólo se le había concedido a otra artista —Tetrazzini. El Certificado de Ciudadanía le fue entregado por el Alcalde Rossi en el escenario del Teatro de la Ópera, y con él una enorme llave de flores. El teatro estaba abarrotado para la ceremonia y Claudia, a su dulce manera, dijo a la gente que estaba demasiado abrumada para hablar —¡pero que en cambio cantaría para ellos! Esto, por supuesto, fue recibido con un rugido de aprobación, así que cantó varias de sus canciones de concierto. El Sr. Merola, el Director de la nueva Ópera, a quien hay que reconocer el mérito de la organización de la Compañía de Ópera, tocó muy amablemente para ella. Resultó ser una verdadera fiesta, y todo el mundo, en el escenario y en el público, disfrutó inmensamente.”

El año terminó muy bien para Claudia. Regresó a Nueva York después de una ausencia de más de diez años y parece que necesitó un tiempo para estar sola. May escribió el 1ero de diciembre de 1932:

“Claudia tenía previsto dar un concierto en Nueva York el martes siguiente, así que no había nada más que hacer que marcharse rápidamente. Llegamos a Nueva York el lunes por la noche y, como el concierto iba a ser a las once de la mañana siguiente en el Waldorf Astoria, Claudia decidió que sería mejor quedarse allí esa noche, sobre todo porque tenía que ensayar con la orquesta esa tarde. Creed que fue la primera vez en su vida que se libró de los lazos del hogar y la familia —y quedarse sola en el Waldorf fue una verdadera ‘granujada’ para ella. El resto de la familia, incluyéndome, se instaló en el St. Moritz. El concierto, que fue uno de los Musicales Matutinos del Sr. Díaz, fue un éxito rotundo. […] Claudia no había cantado en Nueva York desde que dejó el Metropolitan, así que, por supuesto, su primer concierto creó un gran interés. […] Las invitaciones para cenas, tés, etc., comenzaron a llover, ¡pero vosotros conocéis a Claudia! Fue a un almuerzo, pero allí  lo dejó. Tenía que empezar a trabajar casi al minuto de llegar a Italia, así que no podía arriesgarse. El 6 de diciembre de 1932, zarparemos en nuestro “segundo hogar,” el Saturnia.”


Grabaciones

Claudia Muzio
Tacea la notte placida
Il Trovatore
Giuseppe Verdi
Registrado en 1920.

Claudia Muzio
D’amor sull’ali rosee
Il Trovatore
Giuseppe Verdi
Registrado en 1920.

Claudia Muzio
Sei forse l’angelo fedele
Eugene Onegin
Pyotr Ilyich Tchaikovsky
Registrado en 1920.

Claudia Muzio
Ebben? Ne andro lontana
La Wally
Alfredo Catalani
Registrado en 1920.

Claudia Muzio
Mia piccirella
Salvator Rosa
Carlos Gomes
Registrado en 1920.

Claudia Muzio
Qual fiamma avea nel guardo!
I Pagliacci
Ruggiero Leoncavallo
Registrado en 1920.

Claudia Muzio, Mario Laurenti
Nedda! Silvio! A quest’ora
I Pagliacci
Ruggiero Leoncavallo
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Io son l’umile ancella
Adriana Lecouvreur
Francesco Cilea
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Dove son?
Loreley
Alfredo Catalani
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Eternamente
R. Gayler, organ, A. Spalding, violin.
Angelo Mascheroni
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Nocturne in E flat major, Op. 9/2
Fryderyc Chopin
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Sì, mi chiamano Mimì
La Bohème
Giacomo Puccini
Registrado en 1921.

Claudia Muzio
Che me ne faccio del vostro castello
Madame Sans-Gêne
Umberto Giordano
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
Sorgi o padre
Bianca e Fernando
Vincenzo Bellini
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
Figlio del sol
L’Africana
Giacomo Meyerbeer
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
Lascia ch’io pianga
Rinaldo
Georg Friedrich Händel​
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
O madre dal cielo
I Lombardi alla prima crociata
Giuseppe Verdi
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
O del mio amato ben
Stefano Donaudy
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
Odorano le rose
Composer unknown
Registrado en 1922.

Claudia Muzio
La separazione
Gioachino Rossini
Registrado en 1923.

Claudia Muzio
Mal d’amore
Arturo Buzzi-Peccia
Registrado en 1923.

Claudia Muzio
Spiagge amate
Paride ed Elena
Christoph Willibald Gluck
Registrado en 1923.

Claudia Muzio
Son pochi fiori
L’amico Fritz
Pietro Mascagni
Registrado en 1923.

Claudia Muzio
Mercè, dilette amiche
I vespri siciliani
Giuseppe Verdi
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Je dis que rien ne m’epouvante
Carmen
Georges Bizet
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Elle a fui la tourterelle
Les Contes d’Hoffmann
Jacques Offenbach
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
A kiss in the dark
Orange Blossoms
Victor Herbert
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Shepherd’s love
W.A. Monahan
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Guardami!
Alessandro Guagni-Benvenuti 
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Torna, amore
Composer unknown
Registrado en 1924.

Claudia Muzio
Se tu m’ami
Alessandro Parisotti
Registrado en 1925.

Muzio, Borgioli, Gandolfi, Merola.
Tosca, Atto primo
Giacomo Puccini
Registrado el 15 de octubre de 1932 por un oyente anónimo de la transmisión radial de la inauguración del War Memorial Opera House de San Francisco.


1 Muzio era conocida como La Duse de la Ópera o La Duse del Canto. Una anécdota publicada años más tarde en la prensa italiana recuerda que la legendaria actriz Eleonora Duse quiso ver a la soprano en Tosca y juzgar el arte de la cantante por sí misma. Al finalizar la representación, se dirigió al camerino de Muzio para felicitarla. Le regaló su retrato y le dijo: “Così si canta in Paradiso!


Lee la tercera parte.


Fuentes

  • Claudia Muzio (1889-1936), Her Life and Career, Laurence Jenkins, Wellington, 2003.
  • Claudia Muzio, La única, Eduardo Arnosi, Buenos Aires,1986.
  • Following A Star, Letters Home from May Higgins, encontrado en la versión archivada del sitio web de Mike Richter, consultado en marzo de 2020. 
  • The last prima donnas, Lanfranco Rasponi, Nueva York, 1982.
  • More legendary voices, Nigel Douglas, Nueva York, 1995.
  • Claudia Muzio, nel 70° anniversario della morte, Giuseppe Marchetti, Roma, 2006.
  • archives.metoperafamily.org
  • operas-colon.com.ar
  • adp.library.ucsb.edu
  • The Teatro Solís: 150 years of Opera, Concert, and Ballet in Montevideo, Susana Salgado, Middletown, 2003.
  • Claudia Muzio L’Unica, facebook page, consultado en marzo de 2020. 
  • Voci parallele, Giacomo Lauri-Volpi, Milán, 1960. 
  • Rosa Ponselle: a centenary biography, James A. Drake, Oregon, 1997.
  • A working friendship: the correspondence between Richard Strauss and Hugo von Hofmannsthal, Nueva York, 1974.
  • Toscanini, Harvey Sachs, Londres, 1978.
  • Traveling with Claudia Muzio, An Account Drawn from May Higgins’s Letters, 1929-1935, Ronald L. Davis, The Opera Quarterly, Volumen 10, Número 2, 1993.
  • Soprano Dame Eva Turner, A Conversation with Bruce Duffie, encontrado en bruceduffie.com, consultado en marzo de 2020.