Claudia Muzio: una vida consagrada al arte III

El primer día de 1933, Claudia protagonizó una función de Loreley en el Teatro Carlo Felice de Génova. May relata estos primeros meses: 

“La inauguración de Claudia en la noche de Año Nuevo en el Teatro Carlo Felice de Génova fue un evento de gala. […] La primera actuación de Claudia fue transmitida por radio y trajo una avalancha de cartas y telegramas de toda Europa. Venían de Inglaterra, de Francia, de Holanda, incluso de nuestro viejo barco, el Saturnia, abriéndose camino a través del Atlántico hasta Nueva York. Había docenas de sus amigos en Italia, que esperaban ansiosamente sus actuaciones en el sur. 

Claudia tenía programado cantar Traviata en Palermo, Sicilia, el 17 de enero. […] Claudia tuvo otro glorioso triunfo allí. La elite de Sicilia llenó las cuatro galerías y el piso principal, mientras que los más humildes (en todo menos en entusiasmo) llenaron el resto del teatro hasta el techo. Hubo tal aglomeración que en la segunda actuación la policía estaba a las puertas para limitar el número de entradas de pie; y para la tercera función, lo mismo. […] Si no hubiera sido por su contrato en Nápoles, en el San Carlos, podría haber cantado seis Traviatas con localidades agotadas, en lugar de tres. Su nombre estaba por todo Palermo en letras de un metro de altura.”

Claudia también cantó en Nápoles y Brescia, y se dirigió a Roma:

“Claudia se presentó en la Ópera Real el 8 de marzo, en Forza del Destino y […] el teatro estaba lleno. Claudia también cantó Cavalleria y Tosca, ofreciendo unas quince actuaciones en total. No necesito repetir todo lo que ya les he dicho del público romano cuando Claudia canta —sólo diré que parece que se entusiasman cada vez más. […] Claudia, como vosotros sabéis, sale muy poco, sobre todo cuando está cantando. Sus únicas distracciones son sus libros y su radio. […] La última actuación de Claudia en Roma fue en Tosca y, como de costumbre, el teatro no era lo suficientemente grande como para acoger a toda la gente que clamaba por entrar. Cientos de personas fueron rechazadas. Una gran multitud esperaba en la puerta del escenario después de la actuación para darle la bendición.”

May tenía grandes noticias. Habían pasado cinco años desde la última temporada de Claudia en Buenos Aires. Su madre ya estaba recuperada y era hora de regresar:

“Y ahora —otro sueño está por cumplirse! ¡Nos vamos a Sudamérica! Claudia ha estado ausente del escenario del Colón de Buenos Aires durante cinco años, y sus admiradores castellanos se niegan a permitir que siga ausente por más tiempo. Así que mi próxima carta saldrá del ‘París de Sudamérica.’”

Todo el grupo (Claudia, May, su madre, su marido y la criada) se unió a la compañía de ópera italiana a bordo del barco y se embarcó para una temporada que incluía Buenos Aires, Río y Sao Paulo. Gigli, Ebe Stignani, Salvatore Baccaloni y Carlo Galeffi estaban entre los artistas. May quedó asombrada por la recepción de Claudia en Argentina: 

“Nuestra llegada a Buenos Aires fue emocionante. Imaginad que todos los periodistas de la ciudad y docenas de admiradores de Claudia vinieron al barco para recibirla. También estaba el viejo ‘Tomaguino,’ del teatro, y el devoto chofer Aureliano, que había conducido su coche desde su primera visita a Sudamérica. A juzgar por algunos de los periódicos, uno pensaría que sólo Muzio llegó en este barco. En uno de los periódicos tenían incluso una gran foto del Duilio con la leyenda “El Duilio, en el que Muzio regresó a Buenos Aires.” El apartamento del Hotel Plaza estaba lleno de flores, y era evidente, incluso antes de ver al público del Colón en acción, que nuestra Claudia era una gran favorita. Sin embargo, nunca falta una mosca en la sopa; pronto supimos que alguna lengua celosa (hay muchas en el negocio de la ópera) había hecho circular el rumor de que Muzio había perdido tanto la voz como la belleza, y por eso se había mantenido alejada del Colón. En la temporada anterior, la noticia había aparecido incluso en los periódicos. Para el alma sensible de Claudia, esto fue angustiante. Temía acudir al teatro para los primeros ensayos, ya que sabía que, incluso amándola como lo hacen, el coro y toda la gente relacionada con el teatro estaría esperando oírla cantar. Fue conmovedor ver las expresiones de alivio y felicidad en sus rostros después de sus primeras notas.”

A pesar de las sospechas, todo salió de maravilla, al estilo Argentino:

“La temporada del Colón se inauguró el 25 de mayo, con una nueva ópera, pero todo el mundo decía que la primera función de Claudia en Traviata, cuatro días después, era la verdadera inauguración. Tras su ausencia de cinco años, recibió una bienvenida majestuosa del público de más de cuatro mil personas. Las flores llovían al escenario desde los palcos, y fue requerida a solas por el público al menos una docena de veces después de cada acto. Después de la representación, varios de los asistentes tuvieron que hacer un círculo a su alrededor con las manos fuertemente agarradas para llevarla a través de la multitud hasta su auto. En la segunda función —Traviata para la matiné del domingo— la multitud en la puerta del escenario era tan densa que fueron necesarios más de una docena de policías para apartarlos. Los tranvías estuvieron completamente parados hasta que ella salió del teatro, y cualquier automovilista que tuviera prisa tuvo que tomar otra ruta. En cada representación posterior fue la misma historia.”

“Ahora me retracto formalmente de todo lo que he dicho sobre que el público italiano es el más entusiasta del mundo —veréis, no había estado en Buenos Aires cuando hice esa declaración. Esta gente aquí abajo es simplemente abrumadora; el sentimiento que tienen por Claudia es extraordinario —nada menos que adoración. Es realmente emocionante ver a las personas que están lo suficientemente cerca de ella cuando sale del teatro extender sus manos para tocarla mientras pasa. Cuando ella aparece en la puerta, puedes oírlos en varias manzanas a la redonda. Ella es siempre tan dulce con ellos, también —siempre reparte todas sus flores antes de subir al coche. […] El correo de los fans de Claudia rivaliza con el de cualquiera de las estrellas de cine populares, y durante la temporada autografió casi dos mil fotografías.”

La joven soprano Mafalda Favero asistió a todos los ensayos y expresó su admiración en una entrevista, muchas décadas después, cuando ya estaba retirada: 

“Me llevó mucho tiempo encontrar mi propia interpretación [de Violetta], ya que me obsesionaba la interpretación de Claudia Muzio en el papel. Cuando ella la cantó en el Colón de Buenos Aires en 1933, fui a cada ensayo, adorándola, y me costó un esfuerzo sobrehumano llegar finalmente a mi versión personal.”

La temporada continuó con Norma. May relata:

“La segunda ópera de Claudia fue Norma —y, querida Pandilla, no habéis escuchado a Muzio hasta que no hayáis escuchado su Norma! Esta fue la actuación más maravillosa que he presenciado. Es un papel fuertemente dramático. La actuación de Claudia fue magnífica, y su forma de cantar la bella Casta Diva fue algo sublime. El maestro Marinuzzi dijo que temía mirarla cuando dirigía esta ópera, ya que ella cantaba y actuaba con tal intensidad que le asustaba.”

Leamos la impresión de Mafalda Favero, en la misma entrevista:

“Su Norma también era una creación inolvidable. Tenía la cualidad que considero tan esencial en un artista: hacer que el público sufriera con ella. Si una cantante no hace llorar al público en ciertos pasajes, en mi opinión ha fracasado en su trabajo. Callas era un fenómeno, pero no tenía feminidad, y nunca me produjo escalofríos. Era teatral hasta cierto punto, pero nunca conmovedora.”1

Le siguió Andrea Chénier:

“Después de Norma vino Andrea Chénier, con Claudia y Gigli. ¡Qué par de voces! Esta es realmente una ópera de tenor… excepto cuando Muzio participa en ella… y tras su aria en el tercer acto, ‘La mamma morta,’ pasaron diez minutos antes de que la ópera pudiera continuar. Probablemente recordaréis que fue esta ópera la que me impresionó tanto cuando visité a Claudia en Roma en 1929, cuando después de este tercer acto todo el público dejó sus asientos para acercarse lo más posible al foso de la orquesta. Esa fue mi primera experiencia con el entusiasmo italiano, y nunca la olvidaré, ni la actuación de Claudia en ella. Luego vino Tosca con Gigli. No necesito extenderme en esto, ya que todos habéis oído la Tosca de Claudia.”

La Forza del Destino fue la última ópera antes de zarpar a Río y Sao Paulo. Gigli, en su debut en el papel, fue su compañero. La despedida de Buenos Aires fue tan grande como su bienvenida:

“nuestra visita a Buenos Aires terminó demasiado pronto. Nunca he visto nada que se compare con la multitud de gente que bajó hasta el barco para despedir a la compañía de ópera. Parecía haber miles, y se amontonaron por todo el barco. Todos los que pudieron entrar estaban en los camarotes de Claudia. Después de la llamada de “Visitantes a tierra,” se alinearon en el muelle, agitando bengalas, y estábamos muy lejos antes de que los gritos de “Viva Muzio” finalmente se apagaran. Fue una gran despedida, pero de las que te dejan con un nudo en la garganta.”

Río también fue un gran éxito:

“El 31 de agosto, Claudia cantó su última actuación en Río. Fue una magnífica actuación en Tosca, y el público, que parecía entusiasmarse cada vez más con cada actuación, se superó esa noche. Tras cada acto, fue regada con flores, y durante una de las numerosas llamadas a escena al final de la ópera, seis palomas blancas con serpentinas de los colores italianos (rojo, blanco y verde), con el nombre de Claudia bordado en plata en cada cinta, fueron despedidas desde el techo del teatro. Tendríais que haber oído a esa multitud cuando las palomas volaron hacia el escenario iluminado —una de ellas justo hacia la mano extendida de Claudia. ¡Qué emoción! Después de la representación, Claudia apenas pudo atravesar la multitud que esperaba poder verla por última vez. Cómo me gusta todo este entusiasmo —y qué vitalidad le da a una representación de ópera.”

El grupo regresó a Italia, Claudia descansó un poco en Riolo, y se embarcó para América el 18 de octubre. Su salud no estaba en buenas condiciones. Llegaron a San Francisco y fue diagnosticada con un mal caso de culebrilla. Pese a que no faltó a ninguna actuación, estuvo en cama entre cada una casi todo el mes. May relata:

“Durante nuestra estancia en San Francisco, Claudia cantó Aida (con el Dr. Craig de guardia), Cavalleria y Traviata, y para su última actuación Forza del Destino. Qué nerviosa estaba ese día. Tenía un resfriado tan espantoso que apenas podía hablar, pero como la gran artista y buena guerrera que es, siguió adelante con la actuación, aunque nos preguntábamos de dónde iba a salir la voz. Pero yo no debería haberme preocupado, porque todos en el teatro decían que Muzio nunca había hecho una actuación tan brillante. Su voz, sobre todo en la escena más difícil de la “Virgen de los Ángeles,” no parecía provenir de ninguna garganta humana. Fue la cosa más hermosa que he escuchado. ¡Su fuerza de voluntad es extraordinaria!”

Dejaron la ciudad tan pronto como terminó sus compromisos. Se avecinaba un gran acontecimiento, ya que Gatti había invitado a Claudia a actuar en el Metropolitan, su primera actuación allí en once años y su primera Traviata en Nueva York. May escribe:

“El 4 de diciembre partimos para Nueva York, donde Claudia, tras una ausencia de doce años, iba a cantar de nuevo en el Metropolitan, donde había debutado en 1916 con Caruso en Tosca. Llegamos al Savoy-Plaza el 9 de diciembre, y hasta que llegó el momento de comenzar los ensayos Claudia se mantuvo en las cercanías de su apartamento. El tiempo era bastante malo, y temía correr riesgos. Finalmente, la noche del 1 de enero de 1934, nuestra estrella regresó al famoso Metropolitan, donde había sido una de las favoritas, y cantó Traviata ante una multitud que abarrotó el teatro hasta el techo. Todos sus viejos amigos estaban allí, y muchos de los nuevos que había hecho desde sus días en el Met —¿porque quién, después de haber visto y oído a nuestro Muzio, podría olvidarla alguna vez? El entusiasmo fue tan grande esa noche que parecía que me habían llevado de vuelta a Sudamérica. Gatti-Casazza se sentó entre bambalinas durante toda la actuación, y estaba simplemente radiante. Hacía mucho tiempo que no se escuchaban tantos aplausos en el Metropolitan. Al día siguiente, la portada del New York Times llevaba los titulares “Muzio recibe doce minutos de ovación en el Metropolitan,” que no es poca cosa en América. Claudia estaba muy feliz por su éxito, ya que siempre había amado al Metropolitan y a sus compañeros allí.”

El New York Herald Tribune publicó:

“Claudia Muzio, que se presentó anoche en La Traviata tras una ausencia de doce años, fue aclamada de inmediato y enérgicamente por una sala muy entusiasmada, y tras el final de la representación recibió una ovación de doce minutos.”

El New York Sun:

“El regreso de la popular ópera sirvió para reintroducir a este público a Claudia Muzio, una soprano que había sido una de las favoritas de los inviernos anteriores. Se la había escuchado por última vez en el Metropolitan el 21/04/22 en la última matiné de la temporada… La Sra. Muzio fue recibida clamorosamente anoche. Fue llamada después de cada acto, e incluso en medio de los actos. Había grandes motivos para alegrarse.”

El Evening Journal:

“La demostración otorgada a la Sra. Muzio al final de La Traviata fue inusual tanto en intensidad como en duración; un observador estimó su duración en doce minutos mientras los entusiastas se pusieron en fila a lo largo del foso de la orquesta para aplaudir ardientemente y sin cansarse, y llamar a la cantante una y otra vez ante el telón.”

Y el New York Times:

“La Sra. Muzio fue una encantadora Violetta. Su convincente presentación del papel se debió en parte a su deliciosa flexibilidad y facilidad de interpretación y a su belleza, pero aún más a la musicalidad con la que dotó a su actuación. La línea vocal fue siempre clara, plástica, excelentemente fraseada. Encarnaba, además, la gracia y la fluidez inherentes a la música y a la situación del drama. El pianissimo y el piano fueron particularmente admirables, pues la Sra. Muzio sabe proyectar un fino hilo de voz a través de los pesados timbres de la orquesta; un tono de voz, asimismo, cálidamente plateado en su color y delicado sin fragilidad.”

May continúa escribiendo:

Traviata se repitió en Filadelfia, y luego una magnífica actuación de Cavalleria puso fin a la temporada de Claudia —una muy corta, ya que debe regresar en pocas semanas a la Ópera Real de Roma. Deja Nueva York feliz de que sus amigos de aquí la sigan queriendo —y sé también que muchos de los nuestros son más felices por haberla visto de nuevo y haber escuchado su gloriosa voz.”

Efectivamente, su actuación como Santuzza fue altamente aclamada:

“LAS CRÍTICAS DE NUEVA YORK BRILLAN CON ELOGIOS HACIA MUZIO 

El titular anterior muestra que la encantadora Claudia Muzio triunfó en el Metropolitan de Nueva York de la misma manera que triunfó en Europa, Sudamérica y Chicago, donde fue miembro de la famosa Ópera Cívica. 

Ha pasado mucho tiempo desde que las paredes del Metropolitan Opera House resonaran con tales aplausos como los de anoche en la representación de Cavalleria Rusticana, después de la escena de Claudia Muzio con Borgioli. Pasaron casi diez minutos antes de que el público, que llenaba la casa, dejara de llamarla ante las candilejas. Ella había prácticamente detenido el espectáculo. Su actuación era del estilo de la Duse, y cada nota de su canto sonaba clara y verdadera, tanto en la mezza voce como cuando aplicaba la potencia con toda su fuerza. Fue un gran triunfo para la siempre popular soprano.”

Otra crítica: 

“Claudia Muzio, que había hecho su reaparición en Traviata la semana pasada, fue calurosamente recibida como la Santuzza siciliana. El viejo dicho sobre los cantantes de ópera que dice: “cuando tienen edad para actuar un papel, ya no pueden cantarlo” no aplicaba en este caso. La señorita Muzio, que una vez fue una niña en el escenario al que ahora regresa, es la hija de Carlo Muzio y su esposa, miembros del personal del Metropolitan en los días en que las estrellas eran las estrellas de Grau. Actuó con una convicción innata y cantó con frecuencia con una mezza voce de tierno y conmovedor atractivo. Las penas de Santuzza no fueron gritadas, el melodrama nunca se convirtió en una farsa. Fue evidente que el público se llevó consigo recuerdos inolvidables gracias al cuidado aristocrático del canto, la frase y el gesto, todo ello sin aires de prima donna ni de sofisticación indebida. El parcial recital de la heroína a Mamma Lucia, en su aria principal, fue seguido de un largo aplauso de toda la sala. La caída del telón provocó una ovación.”

Con las actuaciones del Metropolitan finalizadas, Claudia partió de nuevo a Italia:

“Mañana, 20 de enero, zarparemos en el Conte di Savoia hacia Italia. Tan pronto como lleguemos, Claudia comenzará los ensayos para Cecilia, la nueva ópera de Monseñor Licinio Refice, que se presentará por primera vez en la Ópera Real de Roma.”

Claudia creó el rol de Cecilia en el Teatro dell’Opera en Roma. El estreno mundial fue el 15 de febrero de 1934, y la representación rindió homenaje al 350 aniversario del conservatorio de música romano, la Accademia Santa Cecilia. Fue un gran éxito, hubo veinticinco llamadas a escena para Claudia. May escribió sobre su trabajo:

“Un día o dos después de nuestra llegada a Roma, Claudia comenzó su trabajo para Cecilia, la ópera escrita por Monseñor Refice de la Iglesia de Santa Maria Maggiore. Es la primera vez desde que estoy con Claudia que ella ha estudiado un nuevo papel, y estoy feliz de haber tenido el privilegio de ver a una gran artista prepararse para la creación de un —supongo que debería decir un rol, pero parecía más bien la creación de una santa: la verdadera Santa Cecilia. Me asombró su atención a cada detalle, por pequeño que fuera, que pudiera ayudarla a perfeccionar su interpretación. Leyó todo lo que pudo encontrar sobre la vida de esta encantadora santa. Visitó la Iglesia de Santa Cecilia, construida sobre su antigua casa, y visitó las Catacumbas, donde yace la estatua de Santa Cecilia. Sus trajes fueron copiados de estatuas y pinturas de la santa. La noche del estreno, cuando Claudia hizo su entrada en el escenario de la Ópera Real como Cecilia, uno sentía a la santa —no a la estrella de la ópera. Fue una revelación, y la sensación de la temporada. […] A continuación hay un artículo que apareció en L’Avvenire D’Italia. Esta es sólo una muestra de los muchos que aparecieron en los periódicos italianos. Espero que todos vosotros tengáis la oportunidad de escucharla en esta hermosa ópera. En ella, uno encuentra a la verdadera Claudia. La música también es muy bella, y el compositor compartió la ovación que Claudia recibió al final de la representación.”

“L’AVVENIRE D’ITALIA, 16 de febrero de 1934 

Cecilia fue personificada por Claudia Muzio, protagonista insuperable y perfecta. Estos adjetivos son muy usados y se abusa de ellos en las apresuradas crónicas del teatro, pero en este caso, son inferiores a su significado. Para hablar de la interpretación de esta ilustre artista, se necesitarían adjetivos en superlativo y en mayúsculas. 

La Muzio, con su conocida escrupulosidad artística, antes de comenzar la interpretación de este difícil personaje, tuvo el deseo de revivir la vida de su virgen compatriota, leyendo todo lo que se escribió sobre ella, analizando sus cuadros y pasando horas en las catacumbas de San Calisto; buscando, en una palabra, penetrar en la vida cerrada de esta alma privilegiada. 

Y así, la Muzio, después de esta preparación espiritual, se enfrentó al papel. Habría que haber asistido a esta preparación. Durante diez días, llegó al teatro a las diez de la mañana, retirándose a las tres, para volver de nuevo por la tarde. Cada escena de la ópera pasó bajo la vigilancia de su estudio. El marco tenía que ser digno de la pintura. 

Así pues, Cecilia se presentó al público. ¡Qué maravilla! Se necesitaría un volumen para describir la majestuosidad de esta interpretación. Su porte, cada gesto, cada movimiento, cada expresión, cada acento, cada tono de su voz que en su dulzura rayaba lo sobrenatural, todo convergía hacia un conjunto de completa y perfecta belleza. Qué maravillosa reserva y qué hermosas escenas en el primer acto con Valeriano, y qué gloriosa belleza de canto en el segundo acto. Pero donde realmente revivimos la vida de esta gloriosa mártir cristiana es en el tercer acto, la escena de la tortura y la muerte. Cecilia pareció separarse de la escena, como si estuviera realmente rodeada por una aureola. […] Repetimos —¡una interpretación perfecta e insuperable!”2

Una de las maravilladas testigos de su trabajo fue Mafalda Favero:

“Recuerdo una representación de Muzio en la Cecilia de Refice, una ópera que creó en Roma en 1934 que trata del martirio de la santa. Ella había estado tan sublime en ella que fui a los bastidores para expresar mi admiración e impulsivamente me arrodillé. “¡De verdad, mi niña!” dijo con esos ojos tristes que me atormentaban. “¿Qué estás haciendo?””

Claudia reanudó inmediatamente sus compromisos con el estudio de grabación. May cuenta:

“Una semana después del estreno de Cecilia, Claudia cantó el Annuncio de la ópera por radio, con el Maestro Refice dirigiendo y, poco después, fue a Milán para grabarlo. Al mismo tiempo, hizo una grabación de Cavalleria. Estoy tan feliz por estos discos, ya que no ha hecho ninguno en varios años. Ahora sólo tendrá tiempo para estas dos grabaciones, pero tiene la intención de hacer más en el futuro.”

En esa ocasión, también grabó la canción Colombetta, y planificó un mes de grabación en junio del próximo año. Tras seis actuaciones de Cecilia, emprendió su viaje a Sudamérica. El 14 de julio de 1934, May escribió desde Buenos Aires:

“Querida Pandilla: 

Salimos para Nápoles directamente desde el teatro, después de la sexta Cecilia de Claudia, y navegamos para Sudamérica en el Oceanía el 26 de abril. […] Llegamos a Buenos Aires el 14 de mayo. Claudia fue recibida por la misma multitud de admiradores, incluyendo una docena de reporteros. […] Claudia tuvo unos días de ocio antes de empezar los ensayos, y pasamos las tardes conduciendo. […] La primera actuación de Claudia fue en Traviata el 23. Antes de que abriera la taquilla, horas antes de la actuación, las colas de gente llegaban a rodear casi toda la manzana. No había espacio para una mosca en el teatro esa noche, y fue igual en todas sus funciones. También cantó Loreley, y una nueva y hermosa ópera, La Fiamma, de Respighi. Sólo tuvo tiempo para dos representaciones de esta ópera, pero podría haberla cantado una docena de veces. En la función de cierre, hubo —creedlo o no— ochenta y una llamadas a escena tras el último acto.3 Eran más de las 2:30 cuando salimos del teatro, pero la habitual multitud de fieles estaba en la puerta, esperando verla una vez más.”

Por primera y única vez en su carrera en Buenos Aires, los críticos hicieron algunos comentarios adversos sobre su trabajo. La crítica de La Nación habló de su inseguridad vocal en Loreley, pero elogió su actuación. Tal vez este haya sido el primer signo visible del deterioro de su salud, pero parece haber sido algo temporal, ya que las siguientes críticas fueron solamente positivas. Después de Loreley, cantó Manon Lescaut y La Fiamma de Ottorino Respighi, dirigida por el compositor, que había viajado en el mismo barco con Claudia, tras haber sido contratado a petición suya para presentar su obra al público sudamericano. En la biografía de su padre de 1954, Elsa Respighi habla de la importancia de la soprano en su vida y de la duradera impresión que le dejó con su interpretación profundamente personal del papel de Silvana. Como de costumbre, Claudia se preparó muy cuidadosamente para este estreno y no dejó nada al azar. 

Buenos Aires la rodeó con su amor: 

“Ha recibido docenas de invitaciones a tés y cenas, suficientes para mantenerla ocupada todos los días, si las aceptara. El embajador italiano, a quien conoce desde hace años, ha intentado varias veces ofrecer una cena en su honor en la embajada. La otra noche, después de la actuación, vino tras las bambalinas y se lo pidió de nuevo. Ella le dejó hablar y decirle cuán agradable y tranquilo sería, y que sólo invitaría a unos pocos amigos. Cuando él terminó de hablar, ella levantó la mano, tomó las solapas de su abrigo y le dijo muy dulcemente: “¿Me quieres?” Como cualquiera de vosotros respondería, dijo: “Por supuesto que sí.” Entonces, Claudia susurró: “Por favor, haced esa cena sin mí.” ¿Podéis imaginarla?”

La Traviata y la Fiamma se repitieron en Montevideo y llegó el momento de abordar el barco con destino a Italia. May escribió desde Roma:

“Hotel Majestic, Roma, 6 de agosto de 1934. 
Querida Pandilla: 

Todos le rogaron encarecidamente a Claudia que se quedara allí durante el verano, ya que tiene que estar en Río de Janeiro en septiembre, pero desde que su padre murió en Nueva York durante el primer verano que pasaron en América, Claudia y su madre siempre han vuelto a Italia para los meses de verano. Sus intentos de persuasión fueron incapaces de retenerla.

Paramos en Montevideo durante tres días, y Claudia hizo dos actuaciones —Traviata y Fiamma— ante un público entusiasta. En nuestra marcha hacia el muelle el 18 de julio, nos detuvimos en el teatro para que Claudia pudiera despedirse del Maestro Panizza, que estaba dirigiendo un ensayo. En el momento en que entró en la sala, toda la orquesta se puso de pie y aplaudió, y luego la siguió hacia fuera del teatro hasta el coche. Fue una gran despedida. Claudia disfrutó mucho trabajando con el Maestro Panizza. Él es una gran persona, así como un gran director.”

Una vez en Italia, se dispuso que May visitara a sus padres en Chicago mientras Claudia estuviera en Sudamérica con Refice para el estreno de Cecilia. La ópera tuvo ocho representaciones en el Colón, dirigidas por el compositor, así como al menos una aparición en Montevideo. Fue un gran éxito y Refice estaba encantado con el trabajo de la soprano, como podemos leer en esta entrevista: 

“— ¿Qué puede decirnos de su intérprete, Claudia Muzio?

— Todos los adjetivos elogiosos no bastarían para dar una idea de lo que es la cantante elegida para mi Cecilia. No se puede desear nada mejor y mi opinión es compartida por todos aquellos que han tenido la suerte de escucharla. Le debo todo mi reconocimiento.”

Claudia y May se reunieron en Roma:

“Hotel Majestic, Roma, 5 de enero de 1935. 
Querida Pandilla: 

Estaba tan feliz de ver a mi Claudia de nuevo, y supongo que ella y mamá también se alegraron de verme. […] Claudia llegó a Roma sólo dos días antes que yo. Tuvo una maravillosa temporada en Sudamérica. Después de sus presentaciones de Cecilia, hizo varios programas de radio y conciertos. Dice que estuvo ocupada desde la mañana hasta la noche firmando fotos. Su correo era tan pesado que le llegaba directamente en sacos desde la oficina de correos. 

El 29 de diciembre, se presentó aquí en el Teatro Reale en Otello. Fue una magnífica actuación —una verdadera noche de gala. El teatro parecía un desfile de moda —uno de los públicos más brillantes que he visto nunca. Claudia también ha cantado varias presentaciones sublimes de Traviata. Cada una de ellas parece ser más hermosa.”

Unas semanas después, a finales de enero, May dejó a Claudia para siempre. Continuaron escribiéndose pero nunca se volvieron a ver. 

Claudia tenía un compromiso pendiente: tenía que cumplir su contrato con Columbia. Pasó una semana de junio en el estudio y dejó algunas de las grabaciones vocales más conmovedoras de la historia del arte del canto. En el libro The last prima donnas, el autor pregunta a Lucrezia Bori sobre las voces femeninas más bellas que había escuchado en su vida. Bori nombra a Ponselle, Rethberg, Flagstad, Easton y dice: 

“Muzio era un caso aparte: no se puede clasificarla, porque al final te había destruido emocionalmente tanto su actuación que ya ni siquiera sabías qué tipo de instrumento tenía.”

Claudia estuvo en Sudamérica desde mediados de agosto hasta noviembre, y cantó Cecilia y Mimì en Río y Sao Paulo con Gigli y Bruno Landi. En Buenos Aires, donde dio varios recitales a través de Radio Belgrano, cantó en el Teatro Broadway en una interpretación en concierto de fragmentos de las obras de Refice II Martirio di Sant’Agnese y Trittico Francescano, dirigida por el compositor, y, finalmente, el 27 de noviembre de 1935, dio un concierto en el Teatro San Martín, cantando más obras de Refice.

Su precaria salud la obligó a regresar a Italia, no sin antes aceptar volver al Teatro Colón durante diez semanas de la temporada de 1936. El contrato fue firmado el 2 de febrero de 1936 por Athos Palma, Director General del Teatro Colón, y le fue enviado a Roma. Ella lo devolvió inmediatamente después de haberlo firmado. Unas semanas más tarde, el 4 de abril, escribió la siguiente carta al asistente de Palma, Juan Coltella: 

“… para confirmar que nos hemos comunicado verbalmente, me entristece decirles que me es imposible embarcar el 2 de mayo en el Neptuno. 

La larga enfermedad reumática que he padecido en el pasado invierno sigue afectando mi actividad artística habitual, exigiendo un largo período de convalecencia en un clima seco y templado, y los médicos no son partidarios de que afronte los rigores de otro invierno. 

Le aseguro, sin embargo, que cuando mi convalecencia se cumpla en poco tiempo me comunicaré con usted y me permitirá volver a vuestro teatro. 

Le ruego acepte mis mejores deseos para su temporada y con toda la consideración para usted, para el Sr. Palma y todos los amigos y asociados del Director y para Grassi Díaz.

Devotamente suya, 
Claudia Muzio”

Ezio Pinza estaba en Roma, grabando la Messa da Requiem de Verdi, y escuchó que Claudia estaba muy enferma. Su amistad se remontaba a sus primeros años en Buenos Aires, cuando la cercanía de su vínculo le llevó a pedirle que fuera la madrina de su hija, a la que nombró en su honor. Preguntó por ella en el hotel que sería su última morada, pero no fue recibido. Giacomo Lauri-Volpi, que la visitó a menudo en esos últimos días, escribió en 1955 en su libro Voci Parallele:

“Los argentinos la llamaron “la Divina Claudia” y verdaderamente divina fue en la interpretación de Casta Diva en la Norma y en el aria del Trovatore D’amor sull’ali rosee. Su canto no podría definirse mejor que recordando las palabras de Dante en el episodio de Casella: “cuya dulzura aún suena dentro de mí.” La voz de Claudia Muzio era bastante limitada, pero adquiría resonancias insospechadas, porque en cada nota respiraba un sentimiento vibrante. Esto le daba la capacidad de enfrentarse a la tesitura inhumana de Turandot y a la sobrehumana de Norma, los ímpetus humanísimos de Santuzza y la resignada renuncia de Desdémona.

Grande y feliz artista en el candelero, cuanto modesta y desafortunada en la vida, Muzio dejó la escena del mundo en sordina, con el dedo índice en la boca, como diciendo: no os mováis, estad quietos, no os molestéis por mí.”

En la mañana del domingo 24 de mayo de 1936, Claudia falleció. Uno de los innumerables obituarios publicados en la prensa de Buenos Aires dice: 

“Era la artista más querida por los porteños… Con esta frase queda dicho lo que implica su desaparición. Se la quería, se la admiraba y se la respetaba. Cuando su nombre aparecía en la cartelera del Colón, se iniciaba un largo desfile por la boletería. Ricos y pobres, mujeres del pueblo, damas aristocráticas, ancianos que habían aplaudido a la Patti y a Tamagno, todos iban a asegurarse su puesto para ver a la más grande actriz del teatro lírico contemporáneo.”

Nigel Douglas cuenta que “cuando se celebró una misa conmemorativa por Muzio en Chicago, el pastor dijo: “Muchos son los niños que vistió en esta parroquia,” pero prefirió no dejar que su luz brillara ante los hombres.” Mimì Zuccari, una amiga íntima que la acompañó hasta el final, inició una suscripción internacional para construir un monumento sobre su tumba para honrar su memoria. El primero en suscribirse fue Lauri-Volpi y, muy pronto, admiradores y teatros de todo el mundo se unieron a la causa. El monumento se inauguró el 23 de mayo de 1939 y en su inscripción se lee:

“La sua voce divina le genti d’ogni remoto paese ammaliò. 
Messagera di grazia, di forza, di luce, d’arte.”


Grabaciones

Claudia Muzio
Colombetta
Arturo Buzzi-Peccia
Registrado en 1934.

Claudia Muzio
Voi lo sapete
Cavalleria rusticana
Pietro Mascagni
Registrado en 1934.

Claudia Muzio
L’annuncio
Cecilia
Licinio Refice
Registrado en 1934.

Claudia Muzio
Morte di Cecilia
Cecilia
Licinio Refice
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Ombra di nube
Licinio Refice
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Ave Maria
Licinio Refice
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Pace, pace, mio Dio
La forza del destino
Giuseppe Verdi
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Vissi d’arte
Tosca
Giacomo Puccini
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Sì, mi chiamano Mimì
La Bohème
Giacomo Puccini
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Donde lieta uscì
La Bohème
Giacomo Puccini
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
La mamma morta
Andrea Chénier
Umberto Giordano
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Tacea la notte placida
Il Trovatore
Giuseppe Verdi
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Ah! Non credea mirarti
La sonnambula
Vincenzo Bellini
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Casta diva
Norma
Vincenzo Bellini
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
L’altra notte in fondo al mare
Mefistofele
Arrigo Boito
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Teneste la promessa… Addio del passato
La Traviata
Giuseppe Verdi
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Poveri fiori
Adriana Lecouvreur
Francesco Cilea
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Esser madre è un inferno
L’Arlesiana
Francesco Cilea
Registrado en 1935.

Claudia Muzio, Francesco Merli
Già nella notte densa
Otello
Giuseppe Verdi
Registrado en 1935.

Claudia Muzio, Francesco Merli
Dio ti giocondi, o sposo
Otello
Giuseppe Verdi
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Spirate pur
Stefano Donaudy
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
O del mio amato ben
Stefano Donaudy
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Se tu m’ami
Alessandro Parisotti
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Ninna nanna della vergine
Max Reger
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Beau soir
Claude Debussy
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Bonjour, Suzon
Léo Delibes
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
Les filles des Cadiz
Léo Delibes
Registrado en 1935.

Claudia Muzio
C’est mon ami
Bainbridge Crist
Registrado en 1935.


1 Gina Cigna, en la misma serie de entrevistas en el libro The last prima donnas, fue de la misma opinión:  “Para mí Callas simplemente no podía tocar a Muzio. Con Muzio sufrías las agonías con sus heroínas, con Callas nunca.” El tenor y escritor Nigel Douglas escribe en su libro More legendary voices: “Ebe Stignani, que cantó con Muzio en los años veinte y con Callas en los cincuenta, dijo que “Muzio estaba por encima de todas las comparaciones —para mí estaba en un altar”; […] Recuerdo bien el entusiasmo conmovedor con el que Dame Eva Turner me habló una vez de Muzio cuando preparaba un programa de radio de la BBC sobre ella. Muzio había tenido la amabilidad de invitar a su colega más joven a visitarla mientras aparecían en la misma temporada en Chicago y, para su sorpresa, Dame Eva se encontró asistiendo a un té completamente inglés y siendo interrogada atentamente sobre asuntos de actualidad en Hammersmith y Tottenham, dos distritos londinenses en los que Muzio había recibido su primera educación. Dame Eva la describió como la cantante que le había causado “la impresión más inolvidable de todas,” y se mostró especialmente entusiasmada con las cualidades de Muzio como concertista. Con su propio tono magníficamente redondeado dijo: “Cada palabra estaba preñada de significado, y ella rodeaba las frases tan hermosamente con su sonido fluido. Nos tenía a todos en trance, y cualquier oportunidad de escucharla era una oportunidad que no había que perder.” Recuerdo también haberle preguntado a mi propio maestro, Alfred Piccaver, quién, en su opinión, era la mejor soprano con la que había trabajado. Yo esperaba que se detuviera a pensar —¿Lehmann, tal vez, o Selma Kurz? Sabía que no sería Jeritza—  pero sin dudarlo un segundo, respondió: “Claudia Muzio.” Él había sido el  Cavaradossi de su Tosca en una de sus temporadas en Chicago y para él ella era incomparable.”

2 Algún tiempo después de este estreno, a petición del embajador italiano en Washington, Claudia recibió del gobierno italiano la Medalla de Oro de la Cultura Italiana en el extranjero, un premio similar al que se le había dado años antes a Eleonora Duse.

3 Esto, por supuesto, también fue reportado en la prensa.


Fuentes

  • Claudia Muzio (1889-1936), Her Life and Career, Laurence Jenkins, Wellington, 2003.
  • Claudia Muzio, La única, Eduardo Arnosi, Buenos Aires,1986.
  • Following A Star, Letters Home from May Higgins, encontrado en la versión archivada del sitio web de Mike Richter, consultado en marzo de 2020. 
  • The last prima donnas, Lanfranco Rasponi, Nueva York, 1982.
  • More legendary voices, Nigel Douglas, Nueva York, 1995.
  • Claudia Muzio, nel 70° anniversario della morte, Giuseppe Marchetti, Roma, 2006.
  • archives.metoperafamily.org
  • operas-colon.com.ar
  • adp.library.ucsb.edu
  • The Teatro Solís: 150 years of Opera, Concert, and Ballet in Montevideo, Susana Salgado, Middletown, 2003.
  • Claudia Muzio L’Unica, facebook page, consultado en marzo de 2020. 
  • Voci parallele, Giacomo Lauri-Volpi, Milán, 1960. 
  • Rosa Ponselle: a centenary biography, James A. Drake, Oregon, 1997.
  • A working friendship: the correspondence between Richard Strauss and Hugo von Hofmannsthal, Nueva York, 1974.
  • Toscanini, Harvey Sachs, Londres, 1978.
  • Traveling with Claudia Muzio, An Account Drawn from May Higgins’s Letters, 1929-1935, Ronald L. Davis, The Opera Quarterly, Volumen 10, Número 2, 1993.
  • Soprano Dame Eva Turner, A Conversation with Bruce Duffie, encontrado en bruceduffie.com, consultado en marzo de 2020.