Solomiya Krushelnytska: el regreso triunfante de Butterfly

“Antes de Manon, antes de la Bohème y de Tosca, yo me sentía inquieto y esas óperas resultaron otros tantos éxitos. ¡Y esta vez me sentía tan tranquilo!”

El estreno de Madama Butterfly en febrero de 1904 no resultó como Puccini esperaba. Gritos, siseos y huracanadas silbatinas recibieron su obra en una de las veladas más tempestuosas del Teatro Alla Scala de Milán. El reparto estelar protagonizado por la soprano Rosina Storchio y el tenor Giovanni Zenatello y la batuta del maestro Campanini hacen más difícil de explicar el fiasco. Puccini describió Butterfly de esta manera:

“Tengo conciencia de haber escrito la más moderna de mis óperas. […] Toda ella es sincera. Me explico también que nadie se haya rebelado contra tanta hostilidad. Porque Butterfly es una ópera de sugestión. Rota esa sugestión, el encanto cae. Y los tumultos, el estrépito, quebraron esa atmósfera límpida y dulce de pequeño sueño doloroso que podía mostrar vivas las figuras y las pasiones.”

Con el orgullo de un ídolo al que han intentado derribar, Puccini le escribe a su cuñado, Máximo de Carlo:

“Querido Máximo: quédate tranquilo, que yo lo estoy. La innoble pandilla me torturó pero no me aterró. Butterfly vivirá su propia vida, lozana; y esa resurrección ocurrirá bien pronto, ¡ya lo verás!”

Su seguridad halló plena confirmación cuando sólo tres meses más tarde en el Teatro Grande de Brescia se realizó el reestreno. Mismo tenor, misma batuta, pero una Butterfly distinta: Solomiya Krushelnytska, la gran soprano ucraniana que sustituiría a Rosina Storchio. Fue un éxito arrollador. Madama Butterfly se representó por primera vez en tres actos —si bien no es exactamente la que conocemos hoy en día puesto que Puccini continuó transformando la obra. El maestro y los intérpretes fueron llamados a proscenio más de siete veces tras el primer acto y recibieron muchas ovaciones del público en el que se encontraba el compositor y libretista Arrigo Boito. Rosina Storchio encontró su revancha en el exitoso estreno latinoamericano en el Teatro de la Ópera de Buenos Aires, bajo la batuta del maestro Toscanini.

Solomiya Krushelnytska, la triunfante Butterfly, era una gran cantante con unas dotes actorales muy destacadas por los cronistas de su época. Nacida en Ucrania en 1872 en el seno de una familia noble, mostró gran interés en el canto desde niña. En su adolescencia decide estudiar en el Conservatorio de Leópolis y debuta en 1893 en el Teatro de Ópera y Ballet de Leópolis, que hoy lleva su nombre. Por consejo de la soprano Gema Bellincioni, viaja a Milán donde amplia sus estudios vocales con Fausta Crespi. Krushelnytska había sido hasta entonces educada como mezzosoprano y gracias a Crespi realiza la transición a su registro real de soprano. Para pagar sus estudios en Milán viaja constantemente a Leópolis para cantar en el teatro a la vez que cursa la etapa final de su formación. Seis horas diarias de estudio de roles, idiomas, escena y, por supuesto, vocalizos, hicieron de ella una cantante y música culta. Cuando no estudiaba, leía, visitaba el teatro y los museos. No es de extrañar que semejante prodigio vocal y escénico surgiera de una educación tan rigurosa.

Krushelnytska ganó popularidad en toda Europa con sus representaciones y giras y, aunque al momento del estreno de Butterfly era ya una cantante de renombre —en 1898 interpretó Aida en el Teatro Mariinsky en San Petersburgo junto a Enrico Caruso—, este rescate de un rol tan mal avenido le valió buena parte de su celebridad posterior. Dirigida por Toscanini, debutó en La Scala en 1906 en el rol de Salomé, en el que, asombrando al público y a la crítica, interpretó ella misma la danza de los siete velos. En 1909 creó el rol de Electra para el estreno en La Scala, convirtiéndose en la primera gran soprano en abordar los dos roles. El mismo Richard Strauss declaró que la interpretación de Krushelnytska en ambos papeles era “perfecta.”

Nada menos que 63 roles correspondientes a 61 óperas conforman su repertorio, desde Madama Butterfly y La bohème, hasta Tristan und Isolde, Lohengrin y Brunilda en Die Walküre, pasando por Aida, Leonora en La Forza del Destino y Mefistofele, La Gioconda, Adriana Lecouvreur, Louise, La dama de picas y Eugenio Oneguin. En los años veinte se retira de la escena y se dedica a dar giras de conciertos. Tras el fallecimiento de su marido vuelve a su hogar. Recluida en su país por la Segunda Guerra Mundial, da clases como profesora del conservatorio en el que ella misma estudió hasta su muerte en 1952.


Grabaciones

Solomiya Krushelnytska
Ho jo to ho!
Die Walküre
Richard Wagner

Solomiya Krushelnytska
Pace, pace mio Dio
La forza del destino
Giuseppe Verdi

Solomiya Krushelnytska
Un bel dì vedremo
Madama Butterfly
Giacomo Puccini

Solomiya Krushelnytska
Solveig’s Song
Peer Gynt
Edvard Grieg


Fuentes