Miguel Barrosa: sobre la definición de los registros y tesituras de la voz humana

Segundo fragmento de El Bel canto en la teoría y la práctica, compendio sobre la maestría en el arte del canto publicado por el tenor Miguel Barrosa en 1951.


Las voces no se definen por su extensión y sí por su color. Puede una tiple ligera carecer de sobreagudo, y no por ello ser una tiple lírica y sí una tiple ligera corta, que si mal podría cantar un Rigoletto, tampoco brillaría adecuadamente en una ópera lírica, que requiere una soprano con un color de voz apropiado al género. Hay tenores cortísimos que no son capaces de pasar de un la natural, y no por ello son barítonos. Como hay barítonos capaces de dar el si natural, y no por ello son tenores. El color, solamente el color, es quien señala los diferentes tipos de voz, cualquiera que sea la extensión de las mismas.

Por otra parte, el emitir una nota alta no significa que se pueda cantar en toda una tesitura aguda. No es una nota sola la que hay que dar durante el canto de una entera partitura, y sí sostener la tesitura constantemente; cosa difícil de lograr cantando en tesitura que no sea la apropiada. Es la tesitura la que pesa y muchas veces un tenor llega con dificultad a dar un agudo, si la tesitura, toda ella aguda, le produce fatiga o cansancio. No es lo mismo dar el do natural después de un canto cómodo que darlo después de un canto tirante, aunque el do sea siempre la misma nota, producida por las 512 vibraciones de las cuerdas en movimiento…

Si esto sucede a un tenor, que canta en tesitura de tenor, no digamos lo que le sucedería a un barítono, por ligero que fuera, que intentara cantar en la tesitura del tenor. Es más fácil convertir un gorrión en ruiseñor, que un barítono en tenor.

Ahora bien; si el barítono cantó en esa cuerda algún tiempo y después estudió y cantó de tenor, querrá decir que siempre ha sido tenor, aunque en un principio, y equivocadamente, hubiera cantado de barítono, posiblemente por poseer un timbre de voz poco definido y fácil a la confusión. La famosísima soprano Arangi-Lombardi cantó de mezzo-soprano al principio de su carrera lírica, para después ser célebre tiple dramática. A ella personalmente la he oído decir: “De mezzo sentía una pesadez en mi voz que, después, de tiple dramática, no sentí; por el contrario, canto con gran facilidad.” Es decir, que había sido siempre soprano, aunque hubiera cantado durante tantos años como mezzo-soprano, y hasta con éxito. El tiempo puede hacer sufrir modificaciones en la voz, y no es raro el caso del tenor lírico que terminó cantando de dramático, pero siempre como tenor y no barítono.

Es muy necesario no perder de vista que el canto no es un deporte de forzudos, en él sobra, por consiguiente, toda violencia. Por la fuerza, en el canto no se logran jamás beneficios, ni en el orden artístico ni en el físico. Cada voz da de sí lo que la naturaleza le haya concedido y lo que su maestro la pueda ampliar. Pero la naturaleza tiene su límite y de él no se debe intentar jamás pasar.”

Texto extraído de El Bel canto en la teoría y la práctica, Miguel Barrosa, Madrid, 1951.