Amelita Galli­-Curci: entrevista radial en 1963

Amelita Galli-Curci (1882 – 1963) fue una de las más eminentes y populares sopranos de coloratura de la primera mitad del siglo veinte. Alentada por Pietro Mascagni a comenzar su carrera de cantante, su instrucción fue en su mayor parte autodidacta e hizo su debut en la ópera como Gilda en Rigoletto de Verdi en 1906. Recorrió Europa, Rusia y Sudamérica con sus giras y desarrolló los últimos quince años de carrera en Estados Unidos, contratada a partir de 1916 por la Ópera de Chicago y por la Victor Talking Machine Company y a partir de 1921 por el Metropolitan Opera de Nueva York, siendo una de los pocos cantantes que se hallaban contratados simultáneamente en ambas compañías teatrales. En la primavera de 1963 brindó su última entrevista radial a la emisora KFC.


Entrevistador: Madame Galli-Curci, tras haber empezado sus estudios musicales de piano, armonía y composición, ¿qué la impulsó a acercarse al canto?

Galli-Curci: Bueno, recibí el consejo del gran compositor Mascagni, que era amigo de nuestra familia. Él solía visitarnos y me escuchaba al piano, seguía mi carrera pianística, y una noche pasamos los viejos maestros: Bellini, Donizetti…, porque él siempre estaba muy interesado por esa vieja escuela, y sucedió que la página de Puritani estaba abierta. Yo simplemente la leí, ya que era un buen músico para ese entonces, si puedo decirlo yo misma, discúlpeme… [ríe] y canté la parte que usted conoce bien porque la ha escuchado en directo. Así que me miró bastante impresionado y dijo “¿por qué no haces una carrera como cantante? Tienes un timbre tan inusual y la manera de frasear es muy personal, así que comienza, haz el intento y estoy seguro de que triunfarás”.

E.: Madame Galli-Curci, en vuestra primera función en Nueva York en Dinorah el público “se volvió loco de entusiasmo al final de la Canción de la sombra en el segundo acto”. ¿Cuánto tardaron en calmarlos para poder terminar la ópera?

G-C.: Oh, pobre de mí, pensé que nunca se terminaría… Recuerdo que la gente, en la excitación de entrar y salir del teatro, no lo sé, rompieron todos los cristales de la puerta de entrada, de las puertas giratorias, hubo una gran conmoción pero finalmente se levantaron porque yo estaba cansada y me retiré.

E.: Recuerdo haber leído que en la última ópera en esa misma temporada, y creo que era La traviata, el aplauso del saludo final duró 28 minutos, con el público rogando escuchar Home sweet home, ¿podría contarnos acerca de ello?

G-C.: Así fue, y pensé en darles el gusto y cantar Home sweet home, y como había un piano entre bambalinas lo arrastraron hacia el escenario, canté Home sweet home y pese a eso querían algo más después de Home sweet home, pero allí me impuse con mi pequeño pie.

E.: Usted realizó tanto grabaciones acústicas como eléctricas, ¿fue difícil para usted esta transición? ¿O encontró una forma de grabar más fácil que la otra? ¿Cómo compara las dos desde el punto de vista de la interpretación?

G-C.: Oh, desde el punto de vista de la interpretación era mucho más fácil en el micrófono, muchísimo más fácil. La primera… en la gran trompeta era terrible, teníamos que echarnos hacia atrás para las notas agudas, acercarnos para los pianissimos y… oh, era terrible.

E.: Debía ser muy complicado.

G-C.: ¡Sí, muy incómodo!

E.: ¿Qué puede decirnos de su reacción al escuchar la reproducción de las grabaciones eléctricas tras haberse acostumbrado a las acústicas?

G-C.: Habían cosas que me gustaban más en la primera…

E.: ¿De verdad?

G-C.: ¡Sí! En la otra grabación debo admitir que daba mejor el volumen de mi voz. Pero me gustaban las dos, ¿sabe?

E.: De las tres clasificaciones del registro de soprano: coloratura, lírica y dramática, ¿cuál siente usted que es más demandante?

G-C.: ¡Todas son demandantes! Las tres. Porque la técnica es importante para todas. Y cuando tienes técnica tienes el poder de expresar, siempre y cuando no tomes la técnica como un fin sino como un medio para un fin.

E.: ¿Qué piensa usted, y sabemos que esto ha ocurrido muchas veces, de las sopranos dramáticas que cantan roles de coloratura?

G-C.: Sí, ha ocurrido y ocurre ahora mismo. Sutherland es magnífica en ambos… Ella me gusta mucho. Además de eso, es una mujer muy buena, me gusta como mujer también.

E.: Entiendo que se han conocido…

G-C.: ¡Sí!

E.: Y que hay una admiración mutua…

G-C.: ¡Eso es! Ella también piensa en grande.

E.: Entre sus otros logros, Madame Galli-Curci, usted se ha vuelto muy competente con el pincel y la paleta. ¿Cuándo descubrió este talento?

G-C.: Usted sabe, cuando ya no podía cantar más, por esa operación que tuve, pensé, bueno, todavía soy una artista, mi alma sigue siendo el alma de un artista. Puedo cambiar las herramientas y probarme en otro campo y divertirme un poco allí.

E.: Y usted realmente se ha probado a sí misma en este otro campo, ¡he visto sus cuadros aquí en su casa y son absolutamente hermosos!

G-C.: Bueno, lo disfruto, eso es lo que sé.

E.: Quisiera formular una última pregunta, si me lo permite. Vuestra experiencia en el mundo de la ópera ha sido tan grandiosa y tan exitosa, ¿tendría algún consejo para los jóvenes cantantes de hoy?

G-C.: En primer lugar les aconsejaría que abordaran un instrumento, el estudio de algún instrumento para que pudieran aprender a hacer música y para aprender a frasear, eso podría ayudar en su fraseo… porque eso es muy importante en la ópera, no es sólo la romanza, la gran pieza. Es el recitativo donde uno muestra su arte y con lo que puede llegar al corazón de la gente. Eso es todo.

E.: Bueno, muchísimas gracias, Madame Galli-Curci, por esta oportunidad de recabar algunas de sus opiniones personales sobre el arte al que ha contribuido tanto y al que ha dedicado su vida. Sus grabaciones vivirán para siempre en los anales de la historia musical y han asegurado para usted el lugar más alto entre los exponentes del repertorio operístico.

G-C.: Bueno, es muy encantador de su parte decir todo eso… lo he disfrutado.

E.: Fue un privilegio para nosotros, se lo aseguro.


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