Leone Giraldoni: sobre la lengua y la laringe en el canto

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Leone Giraldoni (1824 – 1897) fue un célebre barítono cuya carrera artística estuvo fundamentalmente ligada a la obra de Giuseppe Verdi, quien lo eligió para crear el papel de Simon Boccanegra en el estreno de la primera versión de la ópera en La Fenice de Venecia en 1857 y el de Renato en Un ballo in maschera en Roma en 1859. Tras dejar el escenario, se dedicó a la pedagogía y fue uno de los maestros cuyas enseñanzas dieron paso a la evolución técnica de la Escuela Romántica Italiana, que hizo posible el cumplimiento de los requisitos estéticos del canto romántico. Publicó en 1889 su Compendium: método analítico, filosófico y fisiológico para la educación de la voz, en el que reúne el aprendizaje de toda su vida.


Resta ahora indicar cuáles son los preceptos apropiados para lograr el dominio de cada uno de los elementos que concurren en la acción del canto. Ante todo fijaré mi atención sobre dos de los puntos más esenciales:

  1. La acción de la lengua que, descendiéndose o elevándose, modifica indispensablemente la repercusión del sonido.
  2. La posición que debe ocupar la laringe en el acto del canto.

En cuanto a la lengua, se deberá buscar en la emisión simple tenerla distendida naturalmente con la punta cerca de la parte inferior de los dientes y con un ligero hundimiento en el centro, emitiendo en un principio el sonido sobre la vocal A, ni abierta ni cerrada como en la palabra madre. A medida que la voz sale en los tonos de la escala se necesita, poco a poco, operar sobre la base de la lengua una ligera presión, idónea para el movimiento fisiológico natural que ella toma en el acto del bostezo. — La razón de esto es muy simple. Así como afirmo que, para obtener una recta impostación de la voz, debe la laringe, ante todo, permanecer siempre por debajo de su posición normal (como se verá en el siguiente párrafo), la lengua, que posee en su base un cartílago que se inserta sobre la laringe a modo de cuña, obliga a ésta (mediante tal ligera presión) a permanecer en la posición indicada, inferior a la normal, posición que nunca deberá abandonar en todo el recorrido de la escala. Solo se debe evitar apretar también la garganta mediante una contracción que le daría a la voz un sonido muy desagradable, por el contrario, es preciso dejarla repercutir libremente en las cavidades de la faringe que, para la voz, es la caja armónica donde adquiere pastosidad, amplitud y sonoridad, así como el violín mediante su forma y la calidad de su madera da valor al sonido de sus cuerdas; sonido que sin ello quedaría estridente y falto de ondas sonoras. Por lo tanto, recomiendo dar a esta ligera presión de la base de la lengua sobre la laringe todo el abandono posible. — Esta es una condición esencialísima.

En cuanto a la laringe, lo repito, al emitir el sonido debe ocupar una posición más baja que la habitual. — El movimiento que indiqué para hacerse con la lengua, siendo completamente natural, ayudará a obtener este propósito fácilmente. Repito también que la laringe deberá conservar la indicada posición inferior para todo el recorrido de la escala, desde la nota más grave a la más aguda. Esta es una condición no sólo esencial sino indispensable para obtener la potencia de la sonoridad, la igualdad de toda la voz en los llamados registros y para dar al cantante un verdadero dominio de su voz. Otra ventaja enorme que surge de este movimiento es la de poder resistir en modo extraordinario a la fatiga, sin que la voz se resienta en lo más mínimo. — La media voz también adquiere con tal impostación, para el canto teatral, una redondez y homogeneidad muy difíciles de obtener cuando se la produce dejando subir la laringe por encima de su posición natural.

Me maravilla que García, en su sapiente Método de canto, haya apenas rozado su gran importancia y que pocos maestros y autores de obras didácticas sobre la voz hayan sobrevolado ligeramente sobre este punto, para mí, lo repito, indispensable en un cantante de teatro; por lo que no dudo en afirmar que doy a esta impostación la importancia del sine qua non para el artista destinado a cantar en el teatro, cualquiera sea el género y la calidad de su voz. Si debiera hacer una excepción sería solamente para las sopranos ligeras cuya emisión, no requiriendo la potencia del sonido indispensable en las otras voces, necesita poseer una especial nitidez en la ejecución y aquel ligero gorgogeo particular de los pájaros, por lo que pueden, más que las otras, dejar la laringe en su posición natural.

Pero no se deberá exagerar esta posición de la laringe, sino más bien graduarla conforme a las exigencias de la música que se habrá de interpretar, adecuando este movimiento a todas las gradaciones desde el pianissimo al fortissimo, imitando así la acción del aire que se retiene en el pianissimo y se expande en el fortissimo. Cuanto más enérgico o efusivo sea el canto en su tesitura, más pronunciado deberá ser el movimiento de descenso de la laringe. Para el canto suave y tranquilo, este movimiento de la laringe deberá estar en proporción y ser, en consecuencia, menos pronunciado.

Difícil sería poder obtener desde el comienzo el manejo simultáneo de todas las partes que concurren en la acción del canto. Aconsejo por esto al alumno ejercitarlas separadamente, estudiando el manejo del diafragma, sin exagerar su importancia, la postura de la lengua y el descenso de la laringe, antes de hacerlos funcionar simultáneamente. Así se conseguirá la independencia de cada movimiento y no se correrá el peligro de apretar la garganta cuando se tenga que presionar con el diafragma en el acto espiratorio o cuando se busque bajar la laringe por debajo de su posición natural.

Una vez puesta la laringe en el lugar indicado (un poco por debajo de su posición habitual), todas las partes concurrentes a la formación del sonido deberán permanecer como abandonadas a sí mismas.

Texto extraído y traducido de Compendium, Leone Giraldoni, Milán, 1889.