Lilli Lehmann: la cura de la voz

Eximia cantante y maestra, Lilli Lehmann (1848 – 1929) se desarrolló como artista durante cincuenta años de carrera en los que abordó 170 roles en 119 óperas alemanas, italianas y francesas. Participó en la primera presentación de la tetralogía de El anillo del Nibelungo, en el primer Festival de Bayreuth en 1876, y ayudó a popularizar la música de Wagner en Estados Unidos con su participación en el Metropolitan Opera de Nueva York entre 1885 y 1899. Fue directora artística del Festival de Salzburgo y fundó la academia internacional de verano en el Mozarteum de esa ciudad en 1916. Famosas cantantes como Geraldine Farrar, Viorica Ursuleac, Edytha Fleischer, Olive Fremstad y Marion Telva, entre otras, fueron sus alumnas. En 1902 publicó su tratado de canto Meine Gesangskunst y en 1913 su autobiografía Mein Weg.

En el prólogo de Meine Gesangskunst, Lehmann escribe: “Mi atención principal la dedico a los artistas, a quienes puedo, quizá, ayudar en su difícil pero gloriosa profesión. Uno nunca termina de aprender; y eso es especialmente cierto para los cantantes. Espero sinceramente dejarles algo, en mis investigaciones, experiencias y estudios, que les sea de utilidad. Lo considero mi deber y lo confío a todos los que francamente se esfuerzan por mejorar.”


Un buen cantante nunca puede perder su voz. La agitación mental o los resfriados graves pueden privar durante un tiempo al cantante del uso de sus órganos vocales o perjudicarlos seriamente. Sólo aquellos que han estado cantando sin el uso correcto y consciente de sus órganos pueden desanimarse por ello; los que saben lo que hacen se curarán a sí mismos, con mayor o menor dificultad, y volverán a poner sus órganos vocales en condiciones con el uso de la gimnasia vocal.

Por esta razón, acaso si por ninguna otra, los cantantes deben tratar de adquirir un conocimiento preciso de sus propios órganos, así como de sus funciones, y no se dejarán quemar, cortar y cauterizar por los médicos sin escrúpulos. Dejad quieta la laringe y todo lo que está a ella conectado; fortaleced los órganos mediante gimnasia vocal diaria y un modo de vida saludable y sobrio; cuidad de no coger resfriados después de cantar; no os sentéis y habléis en restaurantes.

Los estudiantes de canto deben usar las primeras horas de la mañana y llenar los días con las diversas ramas de su estudio. Cantad todos los días de forma que al día siguiente podáis practicar de nuevo, sintiéndoos frescos y listos para el trabajo, como requiere un estudio regular. Mejor una hora cada día que diez hoy y ninguna mañana.

El cantante público debe también hacer su práctica temprano por la mañana, para estar en buenas condiciones por la noche. ¡Cuán a menudo uno se siente indispuesto por la mañana! Cualquier razón física es suficiente para hacer que el canto sea difícil o incluso imposible; no necesariamente tiene que estar conectada a los órganos vocales; de hecho, creo que muy raramente lo está. Por esta razón, en dos horas todo puede haber cambiado.

Recuerdo un incidente encantador en Nueva York. Albert Niemann, nuestro tenor heroico, que debía cantar Lohengrin en la noche, se quejó ante mí por la mañana, manifestando una ronquera severa. Renunciar a un papel en América cuesta mucho dinero tanto al cantante como al director. Mi consejo fue esperar.

Niemann. ¿Qué haces, entonces, cuando estás ronca?
Yo. Oh, yo practico y veo si todavía me molesta.
Niem. En efecto; ¿y qué practicas?
Yo. Escalas largas y lentas.
Niem. ¿Incluso si estás ronca?
Yo. Sí; si quiero cantar, o tengo que hacerlo, lo intento.
Niem. Bueno, ¿qué son? Muéstrame.

La gran escala, la cura infalible.

Se la mostré; la cantó, con insultos durante el ejercicio; pero poco a poco su ronquera mejoró. No mandó avisar que no podría aparecer por la noche sino que cantó, y mejor que nunca, con enorme éxito.

Yo misma tuve que cantar Norma en Viena hace algunos años y me levanté por la mañana bastante ronca. A las nueve probé mi remedio infalible, pero no pude cantar por encima de un La bemol, mientras que por la noche tenía que alcanzar un Re bemol y un Mi bemol. Estaba a punto de renunciar, porque el caso me parecía muy desesperado. Sin embargo, practiqué hasta las once, media hora cada vez y noté que poco a poco iba mejorando. Por la noche tuve el Re bemol y el Mi bemol bajo mi control y estaba en plena forma. La gente decía que rara vez me escucharon cantar tan bien.

Podría citar innumerables casos y todos demostrarían que nunca puedes decir temprano por la mañana cómo vais a sentiros por la noche. Prefiero tanto más, por ejemplo, no sentirme muy bien al principio del día porque de lo contrario puede fácilmente ocurrir que ese sea el caso más tarde, lo cual es mucho menos agradable. Si deseáis cantar sólo cuando estéis en buena forma, tendréis que excusaros noventa y nueve veces en cien. Debéis aprender a conocer vuestros propios órganos vocales a fondo y ser capaces de cantar; debéis hacer todo lo posible para manteneros en buenas condiciones. Esto incluye principalmente el descanso para los nervios, el cuidado del cuerpo y la gimnasia vocal, para que podáis desafiar todas las circunstancias posibles.

Antes que nada, nunca descuidéis practicar cada mañana, regularmente, ejercicios de canto adecuados a través de toda la extensión de la voz. Hacedlo con dolorosa seriedad; y nunca penséis que la gimnasia vocal cansa al cantante. Por el contrario, ella refresca y otorga resistencia a aquel que se hará amo de sus órganos vocales.

Texto extraído de How to sing, Lilli Lehmann, Nueva York, 1902.


Fuentes

  • How to sing, Lilli Lehmann, Nueva York, 1902.
  • My Path through Life, Lilli Lehmann, Nueva York, 1914.