Lilli Lehmann: la gran escala

En su tratado Meine Gesangskunst, publicado en 1902, la maestra Lilli Lehmann habla de la gran escala y la importancia y de la práctica diaria y rigurosa para la higiene vocal y la vida del cantante. 


La gran escala

Este es el ejercicio más necesario para todos los tipos de voz. Se lo enseñaron a mi madre, ella lo enseñó a todos sus alumnos y a nosotros. ¡Pero probablemente yo sea la única que lo practique fielmente! No me fío de los demás. Como estudiante debe ser practicarse dos veces al día, como cantante profesional al menos una vez al día. 

La respiración debe prepararse bien, la exhalación aún mejor, pues la duración de estos cinco y cuatro lentos tonos es mayor que lo que uno supondría.

La primera nota no debe hacerse muy piano y sólo debe hacerse tan fuerte como sea necesario para alcanzar la siguiente sin aumentar el crescendo, mientras se produce la forma de propagación para el siguiente tono y extendiendo la respiración sabiamente hasta el final de la frase. 

Cada una de las primeras frases termina nasalmente en la voz media, la segunda hacia las cavidades de la frente y de la cabeza. Incluso el tono más grave debe prepararse a favor de la resonancia de las cavidades de la cabeza. Pensando en una e, esto es, con una posición elevada de la laringe y los órganos de resonancia muy suaves y elásticos. En la posición media se mezcla la a especialmente con la u para poder ir hacia la nariz, y además se añade la vocal auxiliar i, que apunta el sonido hacia las cavidades de la cabeza. A medida que desciendes, debes poner más concentración para dirigir lentamente el sonido hacia la nariz con u o con o hasta el final de la figura. 

Cuando u, e, e i son vocales auxiliares, no necesitan ser pronunciadas claramente. (Excepto en los sonidos dobles como “Trauuum,” “Leiiid,” “Lauuune,” “Feuyer,” etc., etc.) 

Arriba son sólo un medio para llegar a un fin, el puente, la conexión de uno a otro. Puedes llevarlas a cualquier lugar y verás cuán elásticos pueden ser los órganos cuando son guiados hábilmente. 

El propósito principal de la gran escala es el uso suave y prolongado de la respiración, la seguridad en la preparación de la forma de propagación, la mixtura apropiada de las vocales que nos ayudan a ajustar adecuadamente los órganos a los tonos y que deben cambiar con cada tono, aunque imperceptiblemente. 

También en la utilización consciente de la resonancia del paladar y de la cavidad de la cabeza, especialmente en esta última, cuyos sonidos se extienden sobre la conexión nasal en toda la escala. 

La escala debe ser practicada gradualmente en todo el rango vocal sin esfuerzo, pero no sin fuerza, y —para que sea perfecta— debe cubrir dos octavas enteras. Estas dos octavas se habrán cubierto cuando, elevando el punto de partida por semitonos, la escala se haya llevado a cabo a través de una octava entera ascendente. Esto es lo que toda voz puede finalmente lograr, incluso si las notas agudas deben ser muy débiles. La gran escala es un ejercicio milagroso cuando se ejercita adecuadamente. Equilibra la voz, se la hace flexible, noble, distribuye la fuerza y la debilidad a partes iguales, se encarga de la reparación de todas las fallas y fracturas existentes y controla la voz hasta el corazón. Nada se le escapa. 

En ella se ponen de manifiesto tanto la habilidad como la incompetencia, lo que es muy desagradable para los incompetentes. En mi opinión es el ejercicio ideal pero el más difícil que conozco. Si le dedicas 40 minutos al día, te percatarás de una seguridad y una fuerza que no puede obtenerse con diez horas al día de otros ejercicios. 

Debería ser la clave en los conservatorios. 

Si yo estuviera a cargo de uno, en los primeros tres años los estudiantes sólo podrían realizar en los exámenes ejercicios difíciles, como esta gran escala, antes de que pudieran pensar en cantar una canción o un aria, lo que sólo veo como una tapadera para los incompetentes. 

Por enseñarme esta escala (que es un ángel guardián de las voces) no puedo estar lo suficientemente agradecida a mi madre. En los primeros años me gustaba a veces alejarme de ella. Hubo un tiempo en que imaginaba que la escala me agotaba. Mi madre a menudo concluía sus advertencias con las siguientes palabras: “Te arrepentirás mucho.” Y mucho me arrepentí. En un tiempo en que estuve expuesta a grandes esfuerzos, y no la practicaba diariamente, sino que me contentaba con cantar los fuegos de artificio de la coloratura, pronto me di cuenta de que mis tonos de transición ya no podían soportar el esfuerzo, comenzaban a temblar fácilmente o amenazaban con ponerse demasiado calantes. ¡Fue una terrible constatación! Me costó muchos, muchos años de estudio duro y meticuloso, pero finalmente me hizo darme cuenta de la necesidad de practicar las herramientas vocales de forma continua y rigurosa, si es que uno quiere poder confiar siempre en ellas. 

La práctica, y especialmente la práctica de la gran escala lenta es el único remedio para todos los daños y además la más maravillosa protección para desafiar todos los esfuerzos. La canto a diario, a veces dos veces al día, incluso cuando canto los papeles más importantes por la noche. Puedo confiar completamente en su ayuda.

Si les enseñase a mis estudiantes nada más que a cantar bien este gran ejercicio, ya tendrían un capital de conocimiento que les traería un rico interés a su voz. Empero, a veces me toma 50 minutos repasarla una sola vez, porque no dejo pasar ni un tono que carezca en grado mínimo de altura, fuerza o duración, o de una sola vibración de la forma de propagación. 

Texto extraído y traducido de How to sing, Lilli Lehmann, Nueva York, 1909, y de Meine Gesangskunst, Berlín, 1902.