Blanche Marchesi: catorce reglas para ser un buen maestro de canto

Blanche Marchesi (1863 – 1940), hija de los ilustres artistas y maestros Mathilde y Salvatore Marchesi, nos regala un listado de requisitos indispensables para el ejercicio del arte vocal. Más allá de las reglas en sí mismas, que van mucho más lejos de lo que enuncian literalmente, este breve texto nos da cuenta de la seriedad, la calidad y el respeto con los que se estudiaba en la antigüedad. El resultado vivo de esa disciplina y ese rigor de enseñanza fue aquella estirpe de cantantes que hasta el día de hoy es una referencia ineludible en cuanto a perfección técnica y poder expresivo.


No puede decirse con suficiente frecuencia que un buen docente sólo puede conocerse por sus resultados. Un sólo alumno célebre no alcanza para hablar de un método —una sola golondrina no hace primavera. Es por el buen resultado en grandes números que un sistema puede ser juzgado, no tanto por la producción de voces estelares, ya que algunas de ellas son hechas por Dios, sino por el entrenamiento y la producción de voces ordinarias llevadas a su óptima expresión. Mi madre solía decirme: “Algunos alumnos por los que más me han celebrado son los que me han dado menos problemas”.

Los catorce puntos esenciales para enseñar son:

  1. Haber cantado —no necesariamente haber sido un cantante famoso.
  2. Haber estudiado con un gran maestro de la escuela verdadera.
  3. Haber escuchado grandes artistas.
  4. Tener genio para impartir conocimiento.
  5. Amar la profesión.
  6. Ser músico.
  7. Conocer la música vocal antigua y moderna del mundo.
  8. Ser capaz de enseñar todas las ramas del arte del canto —opera, oratorio, música sacra, canciones, roles solistas, etc.
  9. Poseer conocimiento de la literatura musical más importante del mundo.
  10. Conocer, al menos, los cuatro idiomas principales.
  11. Tener, sino conocimiento, al menos interés por todas las otras ramas del arte.
  12. Poseer instinto patológico, fisiológico y psicológico —y, de ser posible, conocimiento— ya que el alma y el cuerpo deben estar perfectamente de acuerdo para que la voz sea entrenada a la perfección.
  13. Tener la energía necesaria para guiar mortales.
  14. Paciencia.

Esta última es una de las virtudes más necesarias para un maestro y una muy escasa. Antes que todo, la paciencia es la consecuencia y el resultado del conocimiento real. Sólo aquella persona que conozca exactamente las dificultades a superar, y que pueda juzgar la inteligencia ante ella, puede tener la paciencia para indicar los errores día a día y ayudar al estudiante a dominarlos. El estudio serio es largo y el camino está sembrado de dificultades de todo tipo. No deseo insistir sobre la terrible ignorancia que reina en casi todo el mundo en lo que concierne al estudio del canto. La gente admite y sabe que el estudio de un instrumento demanda años de paciencia interminable, pero esperan que el canto sea enseñado en unas pocas semanas. Al cantar, el cuerpo y el cerebro humanos deben trabajar simultáneamente; más de un Rubicón aparece en el viaje que debe ser cruzado a nado o a través de un puente. Sólo el tiempo y la paciencia pueden lograr la perfección en el entrenamiento físico, ya que el entrenamiento de la voz es un entrenamiento físico y los atletas saben de cuánto tiempo los músculos y los nervios requieren para adquirir ciertas cualidades de habilidad y resistencia.

Texto extraído y traducido de Singer’s pilgrimage, Blanche Marchesi, Boston, 1923.