Giacomo Lauri-Volpi: fonética biológica y psicológica

Giacomo Lauri-Volpi (1892 – 1979) fue uno de los más grandes tenores del siglo XX. Debutó en 1919 en I puritani y su carrera transcurrió en los escenarios más relevantes de todo el mundo con un amplio repertorio que incluyó Gli Ugonotti, Guglielmo Tell, Turandot, Rigoletto, Il trovatore, La favorita, La bohème, Cavalleria rusticana, Manon y Tosca. Se formó como cantante bajo la dirección del maestro Antonio Cotogni y se perfeccionó bajo la guía de su esposa, la soprano valenciana María Ros, educada en la escuela de Manuel García. Su desarrollo como artista fue signado por la conjunción de grandes condiciones naturales, una escuela sólida y un afán de conocimiento y reflexión, intelectual y espiritual, en general escaso entre los cantantes. Fruto de sus reflexiones, por las que el escritor italiano Giovanni Papini lo celebraría como creador de una filosofía del canto, publicó entre 1937 y 1972 nueve libros que, junto a los registros musicales, conforman el testimonio de su voz. En el prólogo de Misterios de la voz humana, publicado en 1957, Lauri-Volpi expresa: “De la plenitud del heroísmo nace el canto. No se trata aquí de notas surgidas de una glotis más o menos dotada y ordenada que demuestra al que escucha sus habilidades, sino del único canto del que canta en sí mismo, dialogando con la propia voz oculta: la voz de la consciencia.”


FONÉTICA BIOLÓGICA Y PSICOLÓGICA

Pudo más la voz de Orfeo que su lira.
Horacio, “Sátiras” *

Una forma de vida con mente y valores que aspire a asociar a su “yo” el mundo sensible y suprasensible, deberá, en cuanto protagonista del drama cósmico, formar, ante todo, el instrumento mental y vocal, para el conocimiento intelectual y la técnica de los sonidos, y para la formación de las notas. El material bruto, desordenado, no es bastante. La voz ha de estar construida como un violín. Construido el violín humano, es necesario hacerlo sonar y para sonarlo, es preciso practicar el arco y conocer el valor de la arcada.

El instrumento viviente de la voz humana fue creado para servir de modelo ideal a los inventos del ingenio. Muchos animales están también dotados de una laringe melodiosa, una especie de monocordio capaz de vibraciones y modulaciones, gorjeos y trinos, según una escala variable. Pero en la laringe humana, la naturaleza ha dado el prototipo de todas las voces. Para que el oído humano oyese, auscultase, y, por su proceso de afinación, percibiese intensidades y matices, la naturaleza lo dotó de revoluciones circulares en espiral.1 Para formar el instrumento musical viviente es necesario que el oído perciba las más sutiles vibraciones, distinguiéndolas de otras también simultáneas, y que perfeccione la formación exacta de los sonidos. En el hombre canta el ingenio, iluminado por el espíritu. En el animal cantor, aunque perfecto, canta el instinto, cuya ley es siempre igual y no susceptible de mejoramiento y de progreso.

El canto de un ruiseñor o de un cisne es el canto de la naturaleza, la imagen fugaz de una eterna armonía. No hay huella de mente finita. El canto del hombre, modulado y articulado en sonidos que dejan un sello inconfundible en la vibración y en la palabra, difiere de cualquier otro canto, precisamente, porque se colorea de los motivos del alma.



* Nota de transcripción: no hemos podido encontrar esta cita en las Sátiras de Horacio.


1 A través de las vibraciones transmitidas por el sistema auditivo (oído externo, un conducto con membrana al fondo; oído medio, cavidad ósea; oído interno, o laberinto con el caracol en el que se acopla el nervio acústico) las ondas sonoras acuden a excitar el nervio acústico que transmite las sensaciones al cerebro, instrumento de la mente que elabora las sensaciones y las transforma en fantasmas, imágenes, conceptos. Gracias a la mente, la percepción sonora se transmuta en idea.


Texto extraído de Misterios de la voz humana, Giacomo Lauri-Volpi, 1994.