Giacomo Lauri-Volpi: voz laríngea y fisiológica

En un capítulo más de Misterios de la voz humana, Giacomo Lauri-Volpi escribe acerca de la composición del sonido vocal idóneo y de las condiciones indispensables para producirlo.


VOZ LARÍNGEA – VOZ FISIOLÓGICA

Cantar es existir.
Rilke

A la mayor o menor energía del flujo espiratorio corresponde una mayor o menor intensidad de la espiración cantada, es decir, un sonido más intenso y prolongado producido por la aducción automática de las cuerdas vocales. Si este sonido responde a determinadas leyes acústicas se genera una nota musical, la cual aparentemente es un sonido único pero en sustancia es el resultado de varios sonidos simples llamados pendulares, porque su forma vibratoria es la misma de las ondulaciones del péndulo, que es la más sencilla, más simple. Recuerda al corpúsculo, considerado indivisible (átomo), que es un pequeño universo compuesto de núcleo, electrones, neutrones, etc.: un infinitésimo sistema solar. La forma del sonido compuesto, o mónada sonora, deriva de un conjunto de vibraciones pendulares de las que el más grave o bajo se llama fundamental y los demás armónicos. Estos son regulados por aquél, su punto de partida, su moderador, estando constituidos los armónicos por el múltiplo de las vibraciones del sonido básico y simple. Los armónicos son extremadamente variables y hacen variar las notas que componen. Esta variedad de composición de la nota determina a su vez la variedad de los timbres o fisonomías vocales, de manera que es perceptible la diversidad de colores de una misma nota producida por diversos instrumentos. Puesto que el sonido base —núcleo del sonido— es constante y los armónicos son variables, se ha tenido por conveniente dar, en música, a las notas (sonidos compuestos) signos y nombres diversos en relación con la elevación o altura respecto del fundamental. La nota, prescindiendo de los timbres y de los armónicos mutables, variables, expresa el persistir o permanecer de la fundamental. Por analogía, se puede pensar que la nota, símbolo de varios sonidos, contenga una esencia sonora y un devenir armónico. Los armónicos multiplican las vibraciones del sonido fundamental en constante correlación.

La forma vocal humana asume su característico timbre en función del tono fundamental y de los armónicos. Las voces más bellas tienen la virtud de poseer el mayor número de armónicos, especialmente las voces de alta tesitura. El número y la intensidad de los armónicos varían de individuo a individuo en una misma nota y también en el mismo individuo según la fuerza y la perfección de la emisión vocal en relación con la forma de la cavidad faríngea u oral. En la misma gama vocal de un cantante hay notas de sonoridad armónica diferente, de modo que un sector de la misma voz puede ser más rico o más pobre, deficiente de armónicos, es decir, más bella o menos bella. Raros son los casos en que una voz sea igualmente rica y abundante de armónicos en toda la gama y luminosa de colores. La intensidad del sonido fundamental y de los armónicos de una nota está en relación con la intensidad de emisión de la nota. En el “piano”, la nota se reduce al mínimo de armónicos y asume la forma, casi exclusivamente, del sonido base. Aumentando la intensidad, aumenta en proporción el número de armónicos de los más bajos, inferiores, a los más altos. Pero la cantidad que la laringe puede producir tiene un límite, más allá del cual no se puede lícitamente pasar sin perjudicar la integridad del instrumento vocal. En definitiva, se debe cantar con la voz natural y con la fuerza espontánea de la expansión, subordinada a la armonía de todos los movimientos subconscientes y conscientes del instrumento musical viviente. La consonancia de los armónicos, entre ellos y el fundamental, produce la musicalidad del instrumento más expresivo y sugestivo, en cuanto prerrogativa de la criatura humana. Sonido fundamental y sonidos armónicos se asocian como respuesta a vibraciones musicales periódicas, ordenadas, constantes y uniformes.

Cuando hay desorden entre las vibraciones o disonancias, desarmonías, etc., se genera el rumor. Pitágoras llamó al número generador del universo, en el sentido que Dios es armonía, orden, equilibro y mesura. En una voz desgraciada no hay número y semeja el rumor. El rumor verbal revela una vida desordenada, una consciencia deshabitada. La armonía vital del cuerpo, del alma y del espíritu es un valor universal, manifestado en el canto ordenado y luminoso de los armónicos, en que el tono fundamental físico es un reflejo del tono fundamental interior. En el universo melódico, imagen del universo pitagórico, todo obedece a reglas de armonía. La voz bella, sonora, armoniosa, germina de cuerdas aptas, idóneas para la máxima intensidad de vibraciones, rigurosamente regulares y periódicas, a condición de que todo el instrumento funcione en armonía de contrarios, por virtud de una voluntad entonada con un diálogo intelectual superior.

Texto extraído de Misterios de la voz humana, Giacomo Lauri-Volpi, 1994.