Giacomo Lauri-Volpi: punto arquímedeo

En este capítulo de Misterios de la voz humana, Giacomo Lauri-Volpi reflexiona acerca del punto de apoyo de la voz y de las resonancias, y ahonda en el rol fundamental que juegan estos aspectos en la creación del sonido vocal.


PUNTO ARQUIMEDEO

Música es el espíritu
y la carne es letra.
Miguel de Unamuno

La máxima atención ha de dirigirse, en el estudio de la voz melódica, a la búsqueda del punto de apoyo: el punto justo de resonancia. Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo. Aquí está, por entero, la intervención de la consciencia en el canto, por encima de los fenómenos automáticos de la fonación.

El hombre está dotado no sólo de inteligencia y voluntad, sino también de un sentido con el cual, además de su cuerpo y los otros cuerpos, de sí mismo y de sus semejantes, siente en su interior una “vis”, una raíz que lo hace ser, manteniéndolo como substancia, como punto de apoyo, que le da impulso, proyección inductiva, para elevarse a lo divino. El mundo es superficie; Dios es raíz, base, apoyo. La voz, para sostenerse, debe descubrirlo, entrando en el propio fondo con criterio de evidencia y método intuitivo.1

De donde se desprende que la observación, la experiencia, la disciplina no son nunca bastantes para la indagación del fenómeno vocal, en constante devenir alrededor de la estabilidad de la consciencia. Todo el arte del canto se deriva de la búsqueda del punto de apoyo y de las resonancias; y el arte de la resonancia compendia el estudio de las diversas partes del mecanismo sonoro. Consiste en la habilidad de la distribución de los colores. Las siete resonancias corresponden a los siete colores de la luz, y la tabla de resonancias a la paleta de los colores. El uso magistral de éstos hace grande al pintor; igualmente la utilización sagaz de las resonancias hace grande al cantante. Todo el secreto del canto estriba en el descubrimiento del punto justo de resonancia.

Como cosa curiosa, varios científicos modernos de la fonética no han hecho ninguna alusión al punto de apoyo vocal. Pero ¿qué es el apoyo de la voz, obsesión de discípulos y de maestros de canto y enigma para la gran mayoría de cantantes? La dificultad de encontrar el justo apoyo de la voz es tal y tan grande, que muchas voces, aun célebres, se han apagado antes de hallarlo. Es necesario formar ideas claras en la mente del estudioso de los sonidos vocales. Una idea equivocada puede llegar a destruir la voz más sana y poderosa y a desviar la inteligencia más atenta. […]

Mas, el punto justo de resonancia es objeto personalísimo, vislumbrado por virtud de revelación. Insistiendo en el ternario humano, se puede considerar alma, o cuerpo etéreo, la voz; cuerpo físico, la laringe; cuerpo estelar o esencia de espiritualidad, la resonancia. De la armonización de los tres elementos nace la personalidad consciente del cantante. En el orden aéreo de las resonancias, la voz se conforma y adecúa al modelo percibido por la auscultación espiritual.

Obligación y deber del cantante es traducir en la voz la libre voz de las cosas, en cuanto resonancias de una idea musical suprema, madre de ideas infinitas. De suerte que cada cosa pueda exhalar una idea musical. Para que la voz humana revele y manifieste en el canto —que es pasible, susceptible de todas las transformaciones— los diseños, las figuras y modos musicales infinitos, debe elaborar los sonidos de la misma manera que la virtud del fuego forma, con el líquido cristal, envolturas, involucros diáfanos que al más ligero toque generan vibraciones diversas y ecos armoniosos. En tal modo, la voz puede ascender, imperturbable, los pináculos de la gama y descender hasta las modulaciones más amplias y menos intensas y menos luminosas de las notas medias e inferiores. Entre tanta variedad de colores, la voz rescata las ideas escondidas en el dominio de la materia y las restituye a la libertad del movimiento, y obedece a los impulsos misteriosos de una voluntad universal de nacimiento y devenir, que siente la urgencia de manifestar su íntima esencia melódica.

El número y el movimiento son generadores del universo. Del punto justo de apoyo —o punto arquimedeo— se genera la voz musical que en el número y en el movimiento se determina y se modula. La voz melódica, prisionera en ese fragmento de materia que es el cuerpo humano, se confía al aliento espiritual para redimirse de los quiebros de la vida sensitiva.

Espíritu, respiro, suspiro, soplo, aspiración, espiración, todos son modos otro tanto expresivos que reflejan la idea del alma anclada en su punto de resonancia y de sostén en la formación de la voz y ejercicio de la vida esencial, substancial o necesaria. La causa material es el aire; el fin es el sonido, que se multiplica en resonancias por influencias tonales. Encontrado el centro de las resonancias, que es el foco de resonancia, se eleva un mundo de armonía, el cual concuerda con el centro melódico universal. Enfocado, como se dice, el sonido, la voz asume la forma sin peso, gravedad, del cuerpo estelar y tiene vida propia en el espacio, como reflejo de la personalidad del cantante. Todo el misterio del canto humano está en la obra de transformación del sonido canoro en energía, irradiante del punto de apoyo, centro de la consciencia, centro de gravedad espiritual, situado al contrario que el terrestre, que es contrapeso y arrastra hacia abajo.

Asegurado el punto de ataque y de contacto, la voz sonora se halla en grado de superar el “paso” entre las notas medias y las superiores: “paso”, “tránsito” que es el terror de todas las voces y que, descubierto, constituye la soldadura de la conexión, de la ensambladura vocal. Y está clara la idea de la superación de la extrema zona intermedia, porque, en vista de aquel “paso”, la voz queda preparada para el salto final del ataque de las notas inferiores que vienen colocadas intencionalmente, más allá, fuera del arco palatino, dentro de las cavidades faciales. De tal manera que la soldadura se produce automáticamente y el flujo del aire, para cualquier nota, se le hace pasar por la cavidad. A medida que se sube en la tesitura, suben las resonancias superiores hasta hacer vibrar el conjunto de los senos craneales en la extrema zona aguda de la voz cantada. En sustancia —y esto es lo fundamental— cualquier nota, cualquiera que sea la región a que pertenezca, está colocada en correspondencia de los senos frontales, de modo que, por simpatía, participan de las resonancias, también, las cavidades etmoidales, esfenoidales, maxilares y nasales.2 Una vez colocada la primera nota, las demás seguirán sobre el hilo del soplo, del aliento que produce las maravillas del cantar ligado y del ligar cantando. Una sola nota que se desvíe de aquel curriculum dispersa las posteriores. Y la frase musical aparecerá como un tejido descosido.

Fijados así los conceptos del punto de apoyo, de resonancia y del paso, se tendrá una idea básica, esencial, de la voz, y será posible examinar, en particular, los órganos que constituyen el cuerpo vital y físico de la voz y contemplan el fenómeno de la respiración y de la voz laríngea. […]



1 Analogía interesante: resonancia es palabra que, en griego, se traduce por catequesis: el método de resonancia de la transmisión oral consistía, entre los primeros cristianos, en hacer resonar la voz. El discípulo, así instruido, era el “resonado,” o sea el catequizado.

2 Para ofrecer la imagen de manera plástica y poética se evoca la similitud dantesca:

“Como las ovejitas salen del redil
a una, a dos, a tres…
… … … … … … …
lo que hace la primera, hacen las demás…”


Texto extraído de Misterios de la voz humana, Giacomo Lauri-Volpi, 1994.