Hipólito Lázaro: primer consejo

Hipólito Lázaro (1887 – 1974) fue un aclamado tenor español nacido en Barcelona, uno de los principales intérpretes del verismo en su tiempo. Comenzó su carrera internacional en 1911 con La Bohème en Milán y reemplazando a Alessandro Bonci en Rigoletto en el Teatro Costanzi en Roma. En 1913 comienza su larga colaboración con Pietro Mascagni al ser dirigido por el compositor en Isabeau en el Teatro Carlo Felice de Génova y participar en el estreno mundial de Parisina, junto a Tina Poli-Randaccio, en La Scala de Milán.

Debutó con gran éxito en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1918 en Rigoletto junto a María Barrientos, Giuseppe de Luca y José Mardones. Mascagni creó para él el rol principal de su ópera Il Piccolo Marat, estrenada en Roma en 1921 con Lázaro y Gilda dalla Rizza. En 1924, Umberto Giordano le pidió que creara el rol de tenor en su nueva ópera La Cena delle Beffe, que se estrenó ese mismo año en Milán dirigida por Toscanini, con Lázaro y Carmen Melis.

Tras su retirada de los escenarios, publicó El libro de mi vida en 1968 y Mi método de canto en 1947.


Los consejos que a continuación voy a ofrecerte, te encarezco los retengas bien en la memoria, para que los asimiles con sumo interés, debido a que, como digo en el subtítulo, son “experiencias vividas” por mí, día tras día, hora tras hora, en el largo decurso de mi gran carrera artística. Te serán tan necesarios como las mismas lecciones, y cimentarán por completo tu futura vida de cantante que, para ser perfecta, tiene que estar investida de una personalidad potente. Éste es, ni más ni menos, el secreto del triunfo.

PRIMER CONSEJO

Todas las mañanas deberás hacer ejercicios, especialmente de inspiración profunda –como ya te he indicado en la lección primera. También los harás físicos –no muchos y sin aparatos. No hay que ser atleta para cantar, pero sí debes encontrarte fuerte para gozar de un perfecto estado de salud. El ejercicio mejor, para los cantantes, estriba en dar grandes caminatas. No olvides que la voz depende siempre de la salud.

Son tres los ejercicios que debes emprender por las mañanas, imponiéndotelos como una obligación estricta, pues a ellos les deberás la resistencia para reforzar las cuerdas vocales; atiende. Sitúate frente al espejo, y haz una buena inspiración por la nariz, baja la cabeza hacia delante, luego hacia atrás. Harás estas flexiones cinco veces. A medida que transcurran los días irás aumentándolas, hasta que llegues a cincuenta o sesenta; las que te plazcan. Asimismo ejecutarás el siguiente ejercicio: giras la cabeza hacia la derecha y luego hacia la izquierda, con las manos puestas en la cintura. Después harás la siguiente respiración de descanso: tomas por la nariz una inspiración profunda; mientras mantienes los brazos caídos irás exhalándola poco a poco, con lo cual descansa la respiración. Ten en cuenta que estos ejercicios hay que hacerlos con energía, pero despacio. Hacia el año 1910 leí un libro dedicado a la salud y belleza física, cuyo autor –de nacionalidad alemana– me parece recordar era Luis Kunher, daba tan sabios consejos y exponía sencillamente la clase de ejercicios que acabo de reseñar; entonces los aprendí y sigo practicándolos hasta la fecha, porque me han dado excelentes resultados.

Te he recomendado las caminatas para estar bien de voz. Ahora te advierto que, cuando las hagas, notarás la voz un poco afónica; esto no te preocupe, pues al cabo de media o una hora de descanso, se te habrá pasado. Es conveniente que hagas unos gargarismos de bicarbonato con agua templada, y no escuches a los que te digan que no camines, porque “pone la voz afónica”; antes al contrario, este sano ejercicio la deja clara y linda, y para refrendar lo que te estoy diciendo, te contaré un hecho relacionado con el gran tenor Gayarre. Me contaban en Palermo (Sicilia), que dicho artista iba todos los días a cazar a Monte Pellegrino, y por la noche cantaba La Favorita y demás obras de su repertorio. Con que toma ejemplo de ese campeón del arte canoro.

Texto extraído de Mi método de canto, Hipólito Lázaro, Barcelona, 1947.


Fuentes