Lilli Lehmann: el arte del canto

La eminente Lilli Lehmann publicó en 1902 su tratado de canto Meine Gesangskunst. El éxito de su libro trajo dos nuevas ediciones y numerosas impresiones. En 1914 escribió el prefacio de la edición revisada y aprovechó la oportunidad para llamar la atención sobre la importancia de la técnica. Ocho años más tarde, la maestra de setenta y tres años, en el prefacio de la tercera edición, describió a los cantantes como instrumentos que, para poder servir al arte, deben relacionarse íntima y responsablemente con su organismo, fuente única de todas las posibilidades.


PREFACIO DE LA EDICIÓN REVISADA

El objetivo de la primera edición fue alcanzado. El libro ha abierto los ojos de muchos a la naturaleza del arte del canto. Todos aquellos que tienen algo para decir o para escribir deben esperar encontrarse con malas interpretaciones: hay tantas ideas y modos de expresar la misma cosa como oyentes y lectores.

Me he esforzado, en esta segunda edición, por evitar interpretaciones erróneas y expresar mejor lo que tenía para decir en la primera. No debe pensarse que yo pretenda haber inventando nada nuevo. Pero sí afirmo haber traducido lo que tantas veces se ha dicho, y tanto se ha malentendido, al lenguaje del cantante que sólo puede guiarse a sí mismo por las sensaciones del tono y aprender de ellas.

Sólo unos pocos son elegidos, no todos pueden convertirse en grandes artistas. Pero todo aquel que se dedique sinceramente a esta vocación debe esforzarse por alcanzar la máxima eficiencia. Aunque el teatro haya experimentado una reforma incisiva y lo vuelva a hacer una y más veces, no veo por qué no debemos hacernos responsables de la técnica del arte del canto, de la belleza y de la preservación de la voz humana de la que siempre tendremos necesidad. Sin un conocimiento profundo de la técnica, el arte es una imposibilidad o es insuficiente. Para mantener nuestros cuerpos flexibles y saludables hacemos ejercicios gimnásticos. ¿Por qué entonces los cantantes no debieran hacer ejercicios de gimnasia diaria con sus órganos vocales para conservar su material para su profesión? La técnica es inseparable del arte. Sólo a partir del dominio de la técnica de su material el artista se encuentra en condiciones de moldear su obra de arte mental y darla de nuevo —la posesión que ha tomado prestada de la vida— a los demás. Incluso aquellos artistas que están altamente dotados intelectualmente permanecen lisiados sin esta maestría técnica. De seguro todo gran artista ha experimentado esto por sí mismo de tanto en tanto.

Sólo porque me siento tan pequeña e imperfecta frente a nuestro gran arte del canto, sólo porque veo cuánto queda todavía por aprender, deseo y espero desde el fondo de mi corazón que otros lo hagan mejor que yo, a quienes nadie podrá negarles al menos dos cosas: la seriedad y el más alto respeto por el arte y la capacidad.

Lilli Lehmann
Scharfling, Mondsee,
enero de 1914.

PREFACIO A LA TERCERA EDICIÓN REVISADA

Sería bueno que los alumnos, sí y los cantantes profesionales también, fueran conscientes de una sola cosa, que el tono cantado se encuentra en la resonancia del propio cuerpo, en las resonancias del pecho y de la cabeza, y no en el auditorio donde el cantante se esfuerza únicamente en proyectar su aliento para producir grandes tonos.

Nuestro cuerpo es al mismo tiempo el instrumento y la caja de resonancia sobre la que debemos aprender a tocar. Nuestros músculos son las cuerdas que debemos aprender a afinar, a tensar y aflojar, una con la otra, y nuestra alma es la directora de nuestro arte.

Como los tubos de un órgano, a través de su forma y de la presión del aire, dan a ese instrumento la posibilidad de variaciones interminables en el tono, en la extensión y en los medios de expresión, así también nosotros debemos crear para nuestros tonos y extensiones formas vivas con nuestros órganos vocales y resonancias.

Así como se da cuerda a un reloj para poner en acción todas sus partes, los cantantes debemos hacer que todos nuestros órganos y músculos cooperantes conformen un instrumento bien conectado, ponerlo en acción y mantenerlo activo.

En la canción más corta, en la frase más corta, debemos rehacer nuestro instrumento mil veces y mantenerlo en marcha, pues la más mínima falta de atención o el mínimo daño a la forma –que suele ocurrir con la pronunciación– es susceptible de mutilar el instrumento dispuesto artísticamente o la coloración de sus tonos.

Nuestro arte vocal es una maravilla, así como lo es nuestro instrumento, y una hermosa voz humana que sea tan bendita como para poder emitir aquello que conmueve nuestros corazones es una maravilla gloriosa e incomparable. Los cantantes tenemos el deber de familiarizarnos íntimamente con este instrumento, con el fin de servir a la humanidad con este arte ideal.

Lilli Lehmann
Grunewald,
enero de 1922.

Texto extraído y traducido de How to sing, Lilli Lehmann, Nueva York, 1916, y de How to sing, Lilli Lehmann, Nueva York, 1952.