Blanche Marchesi: la educación de la voz I

En el vigésimo quinto capítulo de su libro Singer’s pilgrimage, Blanche Marchesi expresa sus consideraciones respecto de la educación de la voz en el arte del canto.


El maestro

El maestro de canto debe ser el celoso guardián de ese tesoro que la naturaleza coloca en la garganta del hombre, la voz humana. La misión del maestro es salvarla de la destrucción, desarrollarla para perfeccionar su belleza, y detener la decadencia, si es que se presenta de ella alguna señal. Todos los peligros que amenazan la voz humana provienen del hecho de que la voz es parte del cuerpo, y debe someterse a leyes físicas que, cuando son ignoradas, se cobran plena venganza.

La pregunta de por qué la voz humana cantada puede ser arruinada me ha sido planteada muchas veces, y nadie

parece haber pensado en la razón más simple. Los animales usan sus voces de una sola manera, cantan, gimen o chillan, pero sólo hacen una cosa durante toda su vida. Al hombre le fue dada la palabra, con la cual se expresa, y miríadas de seres humanos nunca la han usado de otra manera. Un humano normal, usando su voz normalmente, mantiene su voz mientras su salud se lo permite. Pero al hombre también se le dio la capacidad de cantar y, si para hablar todo el mundo utiliza los sonidos adecuados, en el mismo momento en que se utiliza la misma voz para cantar la producción de estos sonidos debe ser sometida a las leyes del Arte, sin las cuales no puede ser duradera.

No hay nada más triste, en mi opinión, que escuchar un canto imperfecto o malo, nada más doloroso que escuchar a los artistas luchar con sus voces, pelear con sus pobres instrumentos, que desconocen, cuyos secretos nunca les fueron revelados, o escuchar hermosas voces condenadas a la ruina, o en las que uno puede detectar fácilmente la catástrofe que se avecina con seguridad. En este próximo capítulo tendré que revelar todo lo que ha llegado a mi conocimiento.

Texto extraído y traducido de Singer’s pilgrimage, Blanche Marchesi, Boston, 1923.