Heinrich Panofka: consideraciones generales VI

Sexto capítulo del libro Voces y cantantes, veintiocho capítulos de consideraciones generales sobre la voz y sobre el arte del canto, publicado en 1866 por el maestro Heinrich Panofka.


Capítulo VI
De la necesidad de un mismo diapasón donde quiera que se cante

Fue por fuerza necesario armar las comisiones, establecer correspondencia con los maestros de Capilla de todos los países, constituir un alto tribunal compuesto por miembros del Instituto, por físicos, etc, para reconocer una verdad que yo, mucho antes de los considerables trabajos de estas comisiones, me permitía la licencia de señalar. En mi obra El arte de cantar (capítulo del diapasón) yo he dicho: «Nosotros sostenemos que hasta que no haya un sólo y mismo diapasón para todos los teatros; que hasta que los cantantes no dejen de cantar acompañados por pianos con una afinación diferente del diapasón vocal, la cosa más difícil de obtener será una voz pura y duradera. ¿No es cosa razonable que una voz deba permanecer en su sitio? Ahora, en una voz bien firme cada intervalo tiene su propio sitio, como las teclas de un pianoforte: así el alumno que por varios años ha seguido los cursos de un Conservatorio (donde los pianos naturalmente deben estar siempre bien afinados), o que ha estudiado en su casa o con su profesor sobre un piano afinado siempre en el mismo diapasón, este alumno que debe saber dominar su voz, debe saber también encontrar la posición de tal o cual nota. Si este mismo alumno, devenido en artista, se ve obligado a cantar acompañado de un piano afinado diferentemente, o con acompañamiento de una orquesta con un diapasón distinto al suyo, será evidente que los fa, los sol, los la, los si, etc, que por una cantidad de años fueron para él fa, sol, la, si, etc, devienen fa, sol, la, si con alguna coma de más; en una palabra, en una entonación desconocida para su voz y que obliga al instrumento a moverse de su lugar. Si, en este caso, la diferencia del diapasón del piano y la orquesta con aquel con el que fue habituado el alumno fuese de medio tono, esto equivaldría a transportar una pieza, y conduciría a la consecuencia si no de una entonación falsa al menos de una mayor fatiga para el órgano vocal. Pero si la diferencia fuese de un cuarto, de un octavo, de un decimosexto de tono, es inevitable una falsa entonación: la voz se descoloca y este tipo de movimiento repetido frecuentemente puede, sí o sí, conducir a la pérdida de la voz.»

Texto extraído y traducido de Voci e cantanti, Ventotto capitoli di considerazioni generali sulla voce e sull’arte del canto, Enrico Panofka, Florencia, 1871.