Heinrich Panofka: consideraciones generales VII

Séptimo capítulo del libro Voces y cantantes, veintiocho capítulos de consideraciones generales sobre la voz y sobre el arte del canto, publicado en 1866 por el maestro Heinrich Panofka.


Capítulo VII
De la voluntad. «Querer es poder.»

La aplicación de un sistema al desarrollo del órgano vocal es el asunto más fastidioso del mundo. Cada profesor tiene el suyo propio, está convencido y lo cree el mejor. Uno recomienda apoyar las notas de pecho en el pecho y las notas de cabeza en la cabeza; otro enseña al alumno que no sabe todavía emitir la voz que el mi de pecho debe expresar un sentimiento religioso, el fa un sentimiento de amor, el sol un sentimiento de celos, etc; otros recomiendan cerrar la boca para hacer salir la voz, etc.1 Todos olvidan una simplísima cosa; esto es, que la sede de la voz está en la laringe; que el pecho es el depósito del aire y la cabeza el de la inteligencia;2 es más: que nosotros no hacemos nada sin la voluntad. Alzamos un brazo cuando queremos, alzamos los ojos al cielo cuando queremos, cantamos en tono cuando queremos y se canta fuera de tono cuando se quiere. Ahora, ya que en el arte del canto se trata de cantar en tono, se necesita querer cantar en tono. Los viejos maestros italianos que algo entendían, nunca se sirvieron de estos artificios que se asemejan a la charlatanería.

Aquí están los tres preceptos que son los verdaderos y los más simples obtenidos para el principio de los estudios vocales:

  1. Abrir la boca naturalmente, antes de emitir la nota;
  2. Tener comprensión de la justa entonación de la nota a emitir;
  3. Emitir esta nota con un ligero golpe de garganta sobre la vocal a, con la firme voluntad de producir un sonido placentero al oído.

«Querer es poder.» Quered, por tanto, jóvenes artistas, abrir convenientemente la boca sin esfuerzos nerviosos y con gracia, con el fin de que la voz pueda salir sin impedimento. Quered pensar en la entonación de la nota que están a punto de cantar, en vez de preocuparse constantemente por el sonido y por la fuerza de la voz; sustituid las falsas denominaciones de voz de pecho y de voz de cabeza por las de voz de primer y segundo registro. Estas falsas denominaciones de voz de pecho y de voz de cabeza son el origen de muy graves desórdenes vocales de los alumnos y de los profesores sin experiencia. Resulta natural para ellos buscar la voz de pecho en el pecho donde la voz no se encuentra en absoluto, tan sólo el aire, y la voz de cabeza en la cabeza, donde no reside la más mínima voz sino el cerebro (cuando lo hay). Quered, por tanto, atenderme cuando digo que, donde hay voces sanas, la unión de los dos registros se cumple con absoluta naturalidad y que los dos registros no difieren entre ellos más que por el empaste; que no hay una brecha (separación), y que no hay absolutamente nada más que un cambio de empaste. ¡Pero dónde están las voces sanas!

Casi siempre, entonces, se trata de sanar un mal empedernido causado por mandar a hacer los ejercicios de messa di voce (filar los sonidos) y de agilidad sin prestar atención a la unión de los dos registros; haciendo nacer de esta forma una dificultad que no existía, porque se ha descuidado la diferencia de los dos empastes y se ha hecho estudiar a los alumnos haciéndolos sobrepasar los límites del primer registro. ¡Un mes de tales estudios basta para arruinar la más bella voz!

Nosotros ayudamos al alumno en el ejercicio de tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho notas de nuestro Vade mecum, previniéndolo del número de notas que él ha de cantar en el primer o en el segundo registro e indicando el cambio de registro. Esta asistencia moral hace que el alumno no esté preocupado; y, cuando llega a la escala, la más perfecta unión de los dos registros se encuentra bella y realizada, y vencida ya al comienzo de los estudios una de las más grandes supuestas dificultades del arte del canto.3 La guía del cantante es su inteligencia y su voluntad; y cuanto más sea esta perspicaz, más inteligencia habrá en su canto.

Se dice de un cantante que canta estúpidamente no solo porque articula mal, sino principalmente porque su voz tiene un metal estúpido, proveniente de su inteligencia vocal limitada y de la falta de una voluntad firme y resuelta para enmendar este defecto.


1 Véase el libro tan interesante e instructivo de M. Oscar Commettant: Musica e musici, publicado por Faure en París.

2 L’arte di cantare de Panofka, edición italiana; Lucca y Milán. Proemio, página 7.

3 L’arte di cantare, edición italiana; página 45.


Texto extraído y traducido de Voci e cantanti, Ventotto capitoli di considerazioni generali sulla voce e sull’arte del canto, Enrico Panofka, Florencia, 1871.