Heinrich Panofka: consideraciones generales VIII

Octavo capítulo del libro Voces y cantantes, veintiocho capítulos de consideraciones generales sobre la voz y sobre el arte del canto, publicado en 1866 por el maestro Heinrich Panofka.


Capítulo VIII
De la respiración.

En todos los tiempos se ha exigido que para saber cantar es necesario saber respirar: pero, ¿para saber hablar no es acaso necesario saber respirar? Respirar es vivir.

Preparar la respiración para cantar no es otra cosa perderla inútilmente.

Decirle a un alumno que haga ejercicios de respiración simple sin emitir la voz, no tiene otro propósito que debilitar los órganos respiratorios. 

Es natural que un cantante deba poseer una respiración larga para no cortar las frases, cuyo significado requiere que se canten todas en un fiato. Aquí reside toda la importancia.

El orador y el actor deben estudiar los pasajes de sus discursos o de sus partes donde deben tomar aire. Las comas, los puntos, las exclamaciones, las interrogaciones, todos estos signos ortográficos están también teñidos para el que habla; como para quién canta lo están el pianissimo, el piano, el crescendo, el forte, el decrescendo, etc.

Por tanto el cantante, como el orador y el actor, debe estudiar mentalmente todo esto, con el fin de poder servirse de la cantidad de aire necesaria para tan diversos colores: y cuando se trate de cantar o de hablar al público, donde muy frecuentemente la emoción le quitará una parte de sus facultades, él no será asistido más que por una voluntad firme e inteligente, y no por los artificios o por la teoría del arte de respirar, para estar en condiciones de terminar su aria o de corresponder al oficio de artista llamado a conmover al público.

Es una cosa palpable que aquí radica el verdadero secreto del desarrollo de la respiración.

Ahora explicaremos por qué hasta hoy la idea de hacer que los alumnos hagan ejercicios de inspiración y de espiración de aire antes de acercarse al verdadero arte del canto ha sido tan universal. Y el por qué de esto se encuentra en haber siempre comenzado el estudio vocal a partir del ejercicio con el cual debería terminar: ese de filar los sonidos: horribile dictu. ¡Pobres alumnos! Al comienzo de los estudios se les pide emitir un sonido dulcemente, hacerlo crecer hasta el forte y volver a la primera dulzura con un decrescendo. ¿Qué se pide si no lo imposible? Se evidencia que el alumno pierde la respiración, que tiende a subir la afinación en el crescendo y a calarla en el decrescendo, y entonces se les dice: dejemos de cantar este ejercicio y hagamos simplemente aquello de la inspiración y de la espiración. ¡Cuántos alumnos son expelidos por culpa de tal sistema!

¡Respirar es vivir! Y también aquí la unica guía verdadera es la voluntad inteligente. Yo recomiendo incesantemente a los alumnos leer mentalmente los ejercicios antes de cantarlos, por no fatigar inutilmente la voz y los pulmones. Estudiando mentalmente los ejercicios antes de cantarlos, el alumno los sabrá de memoria, y se hará una idea precisa de los puntos donde debe respirar. Con este modo de estudiar, el provecho será grandísimo y, de seguro, en menos de la mitad del tiempo que requeriría deshacer los errores empedernidos. Todos los artificios respiratorios que proclaman erroneamente los profesores cantantes mortalmente cansados, por no haber sabido educar las voces, son además medios para arruinar la voz, y con ella la salud del alumno. Las diversas formas de respirar, como los diferentes timbres (timbres sordos, oscuros) deben ser dejados a la inteligencia del cantante ya hecho, pero no utilizarlos al principio del desarrollo vocal del alumno. Y tampoco se debe fatigar el cerebro de un pobre alumno diciéndole que para formar tal o cual sonido, de tal o cual registro, es necesario poner en marcha cuándo el cricoides, cuándo la tiroides, etc.

Sería lo mismo si un maestro de danza quisiera explicar a un alumno los movimientos que deben hacer los diferentes músculos para ejecutar tal o cual paso. Y por otro lado, ¿qué son todas las teorías que se apoyan sobre la fisiología? ¡Hipótesis! Nada más que hipótesis sostenidas por fisiólogos famosos, y combatidas por otros fisiólogos no menos famosos. Será útil para los profesores conocer todas estas teorías para poder comprender la construcción del órgano vocal y de los otros órganos que contribuyen a la formación del sonido. No es por ventura inoportuno decir aquí que al hombre no le son más dados los pies para bailar que el órgano vocal para cantar. Saber cantar es un arte como saber bailar. Por tanto, se necesitan, profesores, digan lo que digan, pero profesores inteligentes, educados, experimentados y honestos para enseñar el arte, y principalmente el arte del canto, en el que, para hacer de maestro, se requieren los más variados conocimientos.

Texto extraído y traducido de Voci e cantanti, Ventotto capitoli di considerazioni generali sulla voce e sull’arte del canto, Enrico Panofka, Florencia, 1871.