Giuseppe Verdi y Arrigo Boito: retorno al pasado

En octubre de 1887, Arrigo Boito, libretista, compositor y para entonces íntimo amigo y colaborador de Verdi, le escribe al Maestro para pedirle una lista de antiguos compositores italianos cuyo estudio pudiera ayudar a rectificar el curso desviado en el que se hallaban los jóvenes estudiantes de música a fines del siglo XIX.


Cernobbio, Villa d’Este
Lago Como
4 de octubre [1887]

Querido Maestro:

Primero que todo le agradezco por los días hermosos e intelectualmente estimulantes que pasé en Sant’ Agata. Luego debo pedirle un favor; y no me regañe por haber aceptado otra tarea más —será la última. El ministro de educación quiere conversar conmigo acerca de las instituciones musicales del Reino. Sabemos que actualmente en Italia la música se estudia mal, la invitación del ministro es una buena oportunidad para tratar de orientar adecuadamente el estudio de la música en nuestras escuelas públicas, y por lo tanto he cedido al deseo del hombre a cuyo cargo se encuentran. Esto implica viajar a Roma y pasar un par de días allí (quizás no en vano), tras lo cual volveré a mi trabajo. No pretendo aconsejar al ministro que reforme los estatutos de las escuelas de música, ni siquiera que uniformice sus diversas constituciones. Estas cuestiones son tan enormes como fútiles y difíciles. Que conserven los estatutos que tienen, ya que los buenos o malos estudiantes no son producidos por los estatutos. El talento natural del estudiante obtiene lo supremo de los buenos estudios y puede ser desviado por malos estudios. El punto es este: la dirección de esos estudios.

Esta es una oportunidad para poner en práctica ese consejo que fuisteis capaz de resumir en tres palabras, con claridad y sabiduría y la verdadera concisión que otorga la edad: Retornar al pasado.

Así que retornemos al pasado, pero también hagamos que retornen nuestras escuelas. A menos que se las obligue a hacerlo, nunca lo harán. En los planes de estudio estatales de las escuelas medias y secundarias es obligatorio estudiar a Virgilio, Horacio, Lucrecio, Cicerón. Así que creo que en nuestros conservatorios también debería ser obligatorio estudiar a Palestrina y a los demás maestros italianos de los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho. Ese es el camino correcto, eso es lo que debe estudiarse en las escuelas y en la formación vocal. El arte del canto debe elevarse, debe empaparse en el sonido lleno que se encuentra en la escritura de Palestrina. Debemos hacer que los jóvenes estudiantes que, aún en la cuna, parlotean tonterías abstrusas, se bañen en esa corriente, se laven en esa pureza. Los compositores cambiarían su corazón. Los cantantes también se beneficiarían. Compositores y cantantes, allí es donde yace la podredumbre de los estudios actuales, y eso es lo que debe ser remediado. Tenemos los instrumentistas, ellos se desarrollan solos. Pianistas buenos, cultivados, abundan. Nápoles ha producido algunos excelentes en estos últimos años, Milán también. Bolonia continúa produciendo buenos intérpretes de cuerda, y Nápoles buenos metales. Pero es el estudio de la composición lo que está hundido en la putrefacción. Los jóvenes estudiantes de composición están llenos de vanidad e ignorancia.

Deben educarse en la gran música de los grandes siglos de Italia. Una vez educados se vanagloriarán menos y verán su arte más claramente. También deben ser compelidos a estudiar un poco de historia en textos sencillos y bien escritos, para aprender al mismo tiempo acerca de las grandes luchas de la humanidad y del bello estilo de la lengua. Deben ser compelidos a estudiar un poco de prosodia y declamación para aprender a acentuar el diálogo naturalmente, como la Verdad demanda, porque la música no es otra cosa que el sonido del sentimiento y de la pasión. Yo aprendí todas estas cosas de usted, que las ha puesto en práctica. Usted mismo debe decirme si las he aprendido bien. Yo también quisiera poder ponerlas en práctica en mi propio trabajo, y sugerirlas a los responsables de la educación para poder ofrecer a los estudiantes la posibilidad de estudiar bien.

Este es el favor que le pediré:

Por favor, deme una breve lista, una lista de seis nombres, no más: seis nombres de los maestros que usted crea que son los más adecuados para ser estudiados por los jóvenes.

Estos seis nombres, empezando por Palestrina, deberían representar los seis puntos más radiantes del arte vocal de los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho. Quisiera que me hiciera este favor porque confío en vuestro juicio como en el de nadie más. Nadie mejor que usted puede compilar esta lista, que servirá como programa de estudio.



La carta termina sin cierre ni firma, quizás por distracción de Boito o quizás porque falta la última página. Boito estaba, como de costumbre en setiembre, visitando a su amiga Donna Vittoria Cima, en el lago Como.



Sant’Agata, 5 de octubre de 1887

Querido Boito:

Si prometes no darme mérito, ni culpa, te enviaré algunos nombres, que son los primeros que me vienen a la mente. Son más de seis, pero es que son tantos los buenos en aquella época que no se sabe a cuáles escoger.

1500












Principios del 1600



Más tarde






Principios del 1700



Más tarde

Palestrina * (in primis et ante omnia)
Victoria
Luca Marenzio (escritor purísimo)
Allegri (el del Miserere)

y tantos otros buenos escritores de ese siglo, exceptuando a Monteverdi que disponía mal las partes.


Carissimi *
Cavalli


Lotti
Scarlatti Alessandro * (que tiene tesoros también en la armonía)
Marcello *
Leo


Pergolesi *
Jomelli


Piccini * (el primero, creo, que ha escrito Quintetos y Sextetos, etc. Autor de la primera opera-buffa verdadera: “Cecchina”).

Si de verdad quieres solo seis, me parece que deben preferirse los que están marcados con *

Más adelante tenemos a:

Paisiello
Cimarosa
Guglielmi Pietro, etc. etc.; luego
Cherubini, etc.

Te deseo mucho éxito; y si tienes éxito habrás hecho una obra santa; porque (no hablo de las escuelas, que pueden ser todas buenas) los jóvenes estudian transversalmente, o más bien se hayan fuera del camino; y si la música es, y lo es, como vos la definiste, es de verdad necesario saber un poco de prosodia y declamación, y tener la suficiente cultura para comprender lo que debe ser comprendido. Cuando se entiende bien aquello que se ha de musicar, y se ha de esculpir un personaje o pintar una pasión, es más difícil dejarse desviar por excentricidades o extravagancias de cualquier tipo, vocales o instrumentales.

Dame noticias tuyas y de lo que hayas hecho y obtenido.
Apresuradamente aprieto vuestras manos y os saludo por Peppina.
Suyo,

G. Verdi



Alentado por la carta de Verdi, Boito fue a Roma en octubre y a su regreso envió un breve reporte al compositor.



Villa d’Este
31 de octubre [1887]

Querido Maestro:

Esto es lo que pasó. Los textos didácticos (de los siglos dieciséis, diecisiete y dieciocho) fueron aprobados por unanimidad por los responsables de los principales conservatorios del Reino. Veremos qué pasa después. Tras la votación me fui de Roma dejando a estos caballeros intentando llegar a un acuerdo para armonizar sus estatutos (no hay dos que se parezcan) y sus normas. Obviamente, como usted deseaba, no he utilizado su carta, aunque la tenía en el bolsillo y más de una vez me he visto tentado de hacer uso de ella. Dentro de unos días estaré en Nervi y si usted está en Génova iré, como de costumbre, al Palazzo Doria a pasar una hora con usted.

Saludos afectuosos para usted y la Signora Giuseppina.
Suyo,

A. Boito


Texto extraído y traducido de The Verdi-Boito Correspondence; Weaver, Conati, Medici; Chicago; 1994; y de I copialettere di Giuseppe Verdi; Cesari, Luzio; Milán, 1913.