Giuseppe Verdi: torniamo all’antico

A fines de 1870, tras la muerte de Saverio Mercadante, el Ministro de Educación Pública Cesare Correnti ofreció la dirección del Conservatorio di San Pietro a Majella en Nápoles a Verdi. Inmerso en la creación de Aida, el célebre compositor declina y, en una carta a Francesco Florimo, íntimo amigo de Bellini y más tarde archivista y bibliotecario del conservatorio, refiere al lugar de la tradición en la formación de los jóvenes músicos.


Esta carta cierra con la famosa sentencia: “Torniamo all’ antico: sarà un progresso.” Basándose en esta carta se designó una comisión para reformar la instrucción musical en todos los conservatorios italianos. Verdi aceptó a regañadientes la presidencia de la comisión.


Génova, 4 de enero de 1871

Querido Florimo:

Si hubiese alguna cosa que pudiera halagar mi amor propio, sería esta invitación a convertirme en Director del Conservatorio de Nápoles que, por medio de usted, me envían los Maestros del Conservatorio y muchos músicos de vuestra ciudad. Es muy doloroso para mí no poder responder como yo quisiera a esta demostración de confianza; pero con mis ocupaciones, con mis hábitos, con mi amor a la vida independiente, me sería imposible encargarme de un compromiso tan importante. Vosotros me diréis: “¿Y el arte?” —Está bien; pero yo he hecho cuanto he podido, y si de tanto en tanto puedo hacer alguna cosa, es necesario que esté libre de cualquier otra preocupación. De otra forma, podéis imaginaros lo orgulloso que estaría de tomar el lugar que fue ocupado por los fundadores de una escuela, como Alessandro Scarlatti y luego Durante y Leo. Habría sido un honor para mí instruir a los alumnos en las graves, severas y tan claras enseñanzas de esos primeros padres. Habría deseado poner, por decirlo así, un pie en el pasado y el otro en el presente y el futuro (que a mí no me da miedo la música del futuro); habría dicho a los jóvenes alumnos: “Practicad la Fuga constantemente, tenazmente, hasta el hartazgo, hasta que la mano se haya vuelto franca y fuerte para doblegar la nota a vuestra voluntad. Aprenderéis de esta manera a componer con seguridad, a disponer bien las partes y a modular sin afectación. Estudiad a Palestrina y a algunos pocos de sus contemporáneos. Saltad luego hasta Marcello y prestad especial atención a los recitativos. — Asistid a pocas representaciones de Ópera moderna, sin dejaros fascinar ni por las muchas bellezas armónicas e instrumentales ni por el acorde de séptima disminuida, escollo y refugio de todos los que no podemos componer cuatro compases sin incluir media docena de estas séptimas.”

Hechos estos estudios, unidos a una gran cultura literaria, diría finalmente a los jóvenes estudiantes: “Ahora poned una mano sobre el corazón; escribid y (admitiendo un criterio artístico) seréis compositores. En cualquier caso, no aumentaréis la turba de los imitadores y de los enfermos de nuestra época, que buscan, buscan, y (aunque a veces hagan cosas buenas) nunca encuentran.” En la enseñanza del canto también habría deseado los estudios antiguos, junto con la declamación moderna.

Para poner en práctica estas pocas máximas, fáciles en apariencia, sería necesario supervisar la enseñanza con tanta asiduidad que serían pocos, por así decirlo, los doce meses del año. Yo, que tengo casa, intereses, fortuna… todo, todo aquí, os lo pregunto a vos mismo: ¿cómo podría hacerlo? 

Quisiera pues, querido Florimo, que manifestaras mi pesar ante vuestros colegas y los muchos músicos de vuestra bella Nápoles por no poder aceptar esta invitación tan honorable para mí. Espero que podáis encontrar a un hombre que sea, por sobre todo, docto y severo en los estudios. Las licencias y los errores en el contrapunto se pueden admitir y a veces son bellos en el teatro: en el Conservatorio no. Volvamos a los viejos tiempos: será un progreso.

Adiós, adiós. Créame siempre suyo.


El texto introductorio fue extraído y traducido de Verdi, the man in his letters; Werfel, Stefan, Downes; New York; 1942. La carta fue extraída y traducida de I copialettere di Giuseppe Verdi; Cesari, Luzio; Milán, 1913.